México dice no al fascismo

Hoy el destino de nuestra patria está en juego. Según el artículo de Shannon K. O’Neil en el número abril/junio de Foreign Affairs Latinoamérica “México ya goza de una economía estable, una banca fuerte, un gobierno democrático, una demografía favorable, ...

Hoy el destino de nuestra patria está en juego. Según el artículo de Shannon K. O’Neil en el número abril/junio de Foreign Affairs Latinoamérica “México ya goza de una economía estable, una banca fuerte, un gobierno democrático, una demografía favorable, ambientes manufactureros que son competitivos globalmente y acceso preferencial no sólo al mercado más grande del mundo (EU), sino a muchos otros mediante alianzas comerciales prolíficas. Si México puede superar sus limitaciones actuales y aprovechar estos beneficios, tanto los inversionistas como los ciudadanos mexicanos llegarán muy lejos.” En otras palabras, estamos en nuestra compleja inserción en la economía global, frente a una coyuntura histórica favorable que sería criminal desperdiciar. Sobre todo porque nada ni nadie nos garantiza que vuelva a repetirse. No, al menos, en el horizonte vital previsible de la generación de jóvenes que hoy se vuelven actores decisivos en la construcción del porvenir de la nación.

Por tal motivo, es oportuno y válido el valiente reclamo que hace el presidente Enrique Peña Nieto cuando advierte que la legítima demanda de justicia por la atroz desaparición y presumible masacre de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, no debe ser excusa ni pretexto para el despliegue de una escalada de violencia terrorista que pone en riesgo la paz social y amenaza el avance de México hacia el porvenir de prosperidad democrática que las reformas estructurales, alcanzadas con el consenso democrático y voluntario de las grandes fuerzas políticas nacionales, ponen ahora a nuestro alcance. Y por las mismas razones resulta más que alarmante el señalamiento del Presidente de la República en cuanto a su percepción de que detrás de los arrebatos de violencia se mueven oscuras fuerzas e intereses que pretenden descarrilar el progreso de México y que Peña Nieto, por prudencia y por estrategia prefiere por ahora no mencionar expresamente. 

Pero no hace falta que lo diga el Presidente porque es evidente: los métodos de esta escalada violenta son, a todas luces, los del fascismo. Quienes la alientan son a todas luces fascistas que, aunque se proclamen de “izquierda” y afirmen defender “causas populares” deben haber estudiado bien los perversos métodos de Mussolini y otros engendros semejantes: tomar por el terror y la violencia callejera el poder político que las urnas les negaron. Para luego ejercerlo de manera primero autoritaria y luego totalitaria, en un proceso atroz que negará todas las libertades y derechos a los ingenuos “tontos útiles” que hoy vociferan en las redes sociales “¡que renuncie Peña Nieto!” ¿Por qué motivo? ¿En qué datos o hechos se basan para imputarle responsabilidad alguna en las atrocidades de Ayotzinapa? ¿Negligencia? El Presidente de la República no puede intervenir con la fuerza pública federal en el territorio de un estado libre y soberano a menos que sus autoridades legales y legítimas se lo demanden, como ha ocurrido ya.

¿Que renuncie Peña Nieto? ¿Para nombrar (o imponer) a quién? ¿Mediante qué procedimiento? No parece estar el país en las mejores condiciones para convocar a elecciones extraordinarias, conforme a la Constitución ni, dicho sea de una vez por todas, hay motivo fundado para hacerlo. Ayotzinapa es una tragedia atroz que desgarra y enluta a la nación. Pero no es una emergencia nacional que amerite un estado de excepción o la “renuncia” de ninguno de los Poderes de la Unión. No insistan más, señores. México dice no al fascismo. El pueblo no ha querido entregarles el poder en las urnas y tampoco quiere hacerlo mediante la violencia callejera y cobarde. Es hora de que el Estado mexicano recupere la iniciativa y demuestre a tirios y troyanos que sí está en capacidad de garantizar la seguridad e integridad física y patrimonial de todos y cada uno de los habitantes del territorio nacional.

                Twitter: @alzati_phd

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