¿Qué destino le espera a México?
El bono demográfico se ha convertido en un pasivo social de pobreza, insalubridad, ausencia de habilidades y conocimientos...
Mantener una economía de plena ocupación es indispensable para hacer un aprovechamiento social óptimo del acervo nacional de capital humano y para dar al crecimiento un carácter incluyente. Pero esto habrá de hacerse sin caer en la tentación del déficit fiscal y del endeudamiento o la de elevar la carga tributaria sobre las actividades de alta productividad y su contribución al crecimiento. Esto conlleva la necesidad de reducir a todos los niveles, y de manera decidida, el gasto corriente del sector público que no contribuya a la seguridad, el crecimiento y el bienestar social, reasignando los recursos a la alimentación, la seguridad social, la educación, la salud y la infraestructura indispensable para la expansión de las actividades productivas. Pero esto tampoco será suficiente en ausencia de un esfuerzo de movilización social orientada a reconstruir, ampliar y fortalecer las redes ciudadanas, comunitarias, familiares y privadas de solidaridad social. Urge avanzar en este terreno, antes de que la paciencia de los excluidos se agote aún más y la violencia se vuelva incontenible.
El prolongado periodo de crecimiento insuficiente y las limitaciones de la oferta educativa han resultado en la acumulación de un pasivo social de desocupación y ocupación de escasa productividad, erosión del acervo de capital humano y deterioro de los indicadores de salud. El bono demográfico se ha convertido en un pasivo social de pobreza, insalubridad, ausencia de habilidades y conocimientos con relevancia productiva, y hasta analfabetismo funcional. Sólo el crecimiento incluyente puede revertir este deterioro y reconvertir nuevamente el aparente pasivo social en bono demográfico.
¿A dónde va México? ¿Al porvenir de prosperidad democrática que todos los mexicanos anhelamos? ¿O a una prolongación de la ya larga crisis de crecimiento insuficiente, con el riesgo creciente de violencia social cada vez más generalizada? En abono de un escenario optimista cabe aducir que, como se ha dicho aquí repetidamente, si se consigue incrementar la inversión extranjera directa que implique importación de maquinaria y equipo nuevos e innovadores, para llegar a casi seis mil millones de dólares al año, se puede incrementar el crecimiento en alrededor de 3% para llegar a tasas de crecimiento del PIB cercanas a 4.5% anual o más. Ya hoy en México existen industrias, sectores y regiones en expansión. En torno a ellas se configuran complejos productivos que generan espacios de crecimiento y empleo. Insertar en esas cadenas a empresas que incorporen inversión extranjera directa innovadora, será el motor de la estrategia de crecimiento.
En abono del escenario pesimista se asoma en el horizonte la previsión de que probablemente la inversión extranjera directa, incluyendo la de carácter innovador, sufrirá una contracción en 2015. ¿Se debe esto a que el gran capital global percibe en México fracturas socioeconómicas más profundas y potencialmente explosivas? Por esa razón es indispensable que el Estado mexicano tome la iniciativa para convocar a todas las fuerzas económicas y sociales de México y del mundo a la impostergable tarea de eliminar, ya de todo el territorio nacional, las espantosas condiciones de miseria, ignorancia, marginación y desesperanza, que son el caldo de cultivo para el crimen. Urgen más comunicaciones, más internet, más caminos, más y mejores escuelas, más y mejores hospitales. No sólo más policías y soldados. Urge ampliar el acceso a internet y reducir su costo, eliminando las estructuras y prácticas monopólicas en el sector de las telecomunicaciones y ampliando el despliegue de la infraestructura digital, sobre todo inalámbrica, hacia las zonas marginadas. En síntesis, urge un gran plan para integrar la modernidad a las áreas de México aún sumidas en el atraso y la pobreza. Hoy el destino de nuestra patria está en juego.
Twitter: @alzati_phd
