El torbellino iraní

Si hace algunos meses las capitales de Occidente se vieron inundadas por centenares de miles de personas indignadas por el sufrimiento de la población de Gaza, es legítimo preguntarse por qué la reacción no es similar ante la carnicería desatada en Irán las últimas dos semanas.

Lo que acontece en Irán con las protestas multitudinarias de su población, harta de todo lo que tiene que ver con el cruel y fanático régimen de los ayatolas, es confuso debido al bloqueo del internet ordenado por las autoridades. Se habla de miles de muertos, con cifras que varían desde los dos mil hasta los 15 mil, lo mismo que de incontables presos y personas heridas. El satélite Starlink de Elon Musk ha ayudado parcialmente a evadir el bloqueo, por lo que la magnitud real de la matanza es aún desconocida. Las declaraciones del presidente Trump han estado contribuyendo a la incertidumbre, ya que, en su peculiar estilo, un día declara que la intervención estadunidense va en camino, para al siguiente advertir que si se suspenden las ejecuciones de los disidentes, podría reconsiderar y prestarse a contemplar otra opción, quizá una negociación diplomática. Esta incertidumbre y lo grave de la violencia desatada, tienen en ascuas a los propios actores centrales de este drama, al resto de las naciones de Oriente Medio y, desde luego, a los estadunidenses que contemplan la posibilidad de que su país se involucre en una guerra más.

Por lo pronto, las bravuconadas de uno y otro bando van teniendo efectos concretos. El régimen de Teherán ha estado amenazando de que, ante cualquier ataque de Estados Unidos, las bases militares estadunidense establecidas en la región se volverán un blanco legítimo, amenaza que ha sido tomada muy en serio, ya que hasta el momento, por ejemplo, parte importante del personal de la base estadunidense Al Udeid, en territorio catarí, ha sido evacuado como medida preventiva de seguridad. También los países árabes del Golfo e Israel están en estado de máxima alerta, preocupados de que el incendio se extienda y los involucre. Sin duda, es sintomático que algunas líneas aéreas comerciales hayan suspendido sus vuelos en varias de las rutas que operan en la zona, lo cual contribuye a exacerbar el nerviosismo de las poblaciones ahí residentes. La tensión y la incertidumbre se han adueñado de nuevo de la región entera.

Por otra parte, es notable que en los distintos países y ciudades donde reside la diáspora iraní que fue abandonando su país a lo largo de los 47 años que lleva en el poder el régimen, los exiliados iraníes y sus descendientes han estado protagonizando manifestaciones de apoyo a los rebeldes y de condena al totalitarismo que los oprime. Sin embargo, tanto en Londres, París, Los Ángeles, Nueva York y algunas otras urbes donde eso ha sucedido, es notable que la magnitud de la presencia de gente local no perteneciente a la comunidad iraní en el exilio es bastante exigua. Pareciera como si la brutalidad y violaciones a los derechos humanos que han reinado en Irán desde hace décadas, y su exacerbación en estos días, no conmovieran a la opinión pública general. En especial se echa en falta la voz de los sectores progresistas y liberales de Occidente, defensores de los oprimidos. Es realmente un enigma por qué en este caso reinan la pasividad y falta de apoyo a los rebeldes. Si hace algunos meses las capitales de Occidente se vieron inundadas día tras día por centenares de miles de personas indignadas por el sufrimiento de la población de Gaza, es una pregunta legítima, sin duda, por qué la reacción no es similar ante la carnicería desatada en Irán las últimas dos semanas.

Se puede aventurar que quizá parte de la respuesta a esa pregunta reside en que lo que hoy contemplan los militantes de esa clase de pensamiento progresista les produce una intensa disonancia cognitiva, ante la cual caen en un desconcierto que, a su vez, deriva en silencio y pasividad. Porque hay conciencia en ellos de que si el régimen de Teherán, hoy en jaque, se ha asumido siempre como un enemigo acérrimo de EU y de Israel, ¿cómo pueden ahora condenar a ese mismo régimen si apenas hace unos meses coreaban en las calles las mismas consignas antiimperialistas y de “muerte a Israel”, consignas que integran el núcleo duro de la agenda ideológico-religiosa de los tiranos de Teherán?

Para este dilema es difícil tener respuesta, sobre todo cuando se parte de un pensamiento binario impermeable a la complejidad.