Reacomodo regional
Se registra un esfuerzo del gobierno local libanés destinado a estabilizar al país y liberarlo de las garras del islamismo jihadista que dominaba el escenario político y militar.
En el curso de los últimos dos años Oriente Medio cambió de manera dramática. El brutal ataque terrorista de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023 desencadenó un tsunami regional cuyas consecuencias finales aún no son claras. A partir de ese día los vientos de guerra se expandieron como no podía haberse imaginado antes de esa fecha fatídica. Teniendo como punto geográfico central a Israel, diversos frentes se abrieron a partir de entonces. El primero fue, desde luego, el de Gaza-Israel, pero de inmediato se sumaron a la guerra el Hezbolá libanés desde el norte, apoyado y abastecido por Irán y por la Siria de Bashar al-Assad, a los que se sumó muy pronto la embestida de fuerzas hutíes de Yemen, alineadas a los designios de Irán en razón de su afinidad islámica chiita.
Las poblaciones civiles de Gaza y de Israel fueron las primeras víctimas del estallido. Muertos, heridos, miles y miles de desplazados, zonas enteras reducidas a tierra quemada, dolor, hambre y muerte. Decenas de miles de gazatíes perecieron al estar expuestas a la ofensiva israelí sin protección alguna al carecer de refugios, mientras los miembros de Hamás operaban desde una red de túneles que alcanzaba a medir cerca de 800 km. En los miles de episodios en que los proyectiles provenientes de Gaza, Líbano, Yemen e Irán fueron lanzados contra todo tipo de blancos en Israel, la población tuvo que adaptarse a vivir corriendo constantemente a los refugios. El domo de acero destinado a interceptar los artefactos bélicos del enemigo fue extremadamente eficiente, pero no infalible. Ésa fue la situación prevaleciente a lo largo de meses.
A finales del primer año de la guerra, fue evidente que el Hezbolá libanés, a pesar de su poderoso arsenal de decenas de miles de proyectiles de mediano y largo alcance, había sido debilitado sustantivamente por la estrategia de guerra israelí, que incluyó el asesinato de los más encumbrados líderes de esa organización terrorista. Lo cual permitió al gobierno estadunidense gestionar en septiembre de 2024 un cese al fuego que aún se mantiene, con la expectativa de que el ejército nacional de Líbano pueda desarmar de manera mucho más completa a Hezbolá. Líbano ha sido desde hace más de dos décadas un Estado fallido por muchos motivos, y la expectativa de que el gobierno surgido justamente a fines del 2024 pueda operar ya libre del yugo de Hezbolá, le está brindando una buena oportunidad de despegar hacia un futuro más promisorio que le brinde certeza, gobernabilidad, estabilidad financiera y mejores instrumentos para el combate a la corrupción. A pesar de que Hezbolá aún mantiene posiciones al norte del río Litani, se registra un esfuerzo del gobierno local libanés, apoyado por la comunidad internacional y la propia Liga Árabe, destinado a estabilizar al país y liberarlo de las garras del islamismo jihadista que dominaba el escenario político y militar.
La caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria a fines del año pasado fue una consecuencia de lo arriba descrito. Seis meses después, la guerra de los 12 días entre Israel e Irán, en la cual participó EU en los días finales de la contienda, quedó claro que el régimen teocrático iraní había sufrido un duro golpe al que vino a agregarse poco después una profunda crisis económica, una escasez extrema de agua que está obligando a los residentes de Teherán a escapar de la ciudad, y un descontento popular que se manifiesta en estos días en nutridas protestas populares y de sectores universitarios.
Todo lo anterior genera un cuadro regional distinto al que se tenía antes del 7 de octubre de 2023. El eje Teherán-Hamás-Hezbolá-hutíes se halla en la lona, enfrentando además fuertes presiones de la presidencia de Trump, que ha posicionado a EU como la potencia dominante en la zona. En esa condición logró imponer el cese al fuego entre Hamás e Israel en octubre pasado. En estos momentos destaca su intención de fortalecer al nuevo gobierno sirio encabezado por Ahmed al-Sharaa, como parte de una maniobra tendiente a extender los Acuerdos de Abraham, cuyo objetivo último es integrar a la mayor cantidad posible de Estados árabes y musulmanes opuestos a Irán y a sus socios, para crear con ello un bloque regional aliado a los intereses estadunidenses. Sin embargo, el futuro inmediato sigue siendo aún muy confuso, ya que queda por resolverse un sinnúmero de situaciones peliagudas, como, por ejemplo, ¿cómo se reconstruirá Gaza?, ¿qué pasará con los remanentes del Hamás?, ¿de qué forma se abordará la cuestión palestina? y ¿qué papel jugará en ese escenario la Autoridad Nacional Palestina asentada en Cisjordania?
