Guerra: "impasse"

Esther Shabot

Esther Shabot

Editorial

El estrecho de Ormuz sigue controlado por el régimen iraní mientras EU continúa bloqueando los puertos del país persa, imposibilitados de funcionar para la exportación de su petróleo y la recepción de mercancías. En síntesis, ambos actores están a la espera de que contrincante se doblegue. En ese escenario, las escaramuzas entre ellos han sido frecuentes estos últimos días durante los cuales las exigencias iraníes para ceder han sido de tal modo ambiciosas, que el presidente Trump las ha desechado con su habitual vocabulario burlón. Los precios del petróleo se mantienen así al alza, generando una crisis energética que ha afectado enormemente a la economía global. 

Algo que se ha ido perfilando a lo largo de los dos meses y medio que dura este conflicto, es el crecimiento de la hostilidad de Irán hacia los países árabes del Golfo Pérsico, en especial contra Emiratos Árabes Unidos (EAU), rica y pequeña nación que ha sido bombardeada incluso en más ocasiones que Israel, al ser percibida como uno de los aliados más firmes del bando enemigo. Recientemente un miembro de la Comisión de Seguridad Nacional y Asuntos Exteriores de Irán, de nombre Ali Khezrian, declaró en la televisión iraní que cuerpos de inteligencia y militares emiratíes habían proporcionado a EU y a Israel un apoyo sustancial durante la guerra y que incluso sus aviones habían participado en ataques a territorio iraní. Textualmente dijo: “La República Islámica no ve más a EAU como un vecino, sino como una base hostil…que será castigada severamente una vez que la guerra con EU termine”. 

Si bien EAU ha sido el país árabe que ha concitado mayor hostilidad de parte del régimen de Teherán, Arabia Saudita, Bahrein y Kuwait también han pasado a ser considerados miembros del bando enemigo. El reciente encuentro entre el rey de Bahrein y el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky donde se trató el tema de la cooperación entre ambos en la producción y venta de drones, fue condenado en los medios oficialistas iraníes. 

Quienes reportan desde el anonimato parte de lo que ocurre en Irán, señalan sin embargo que se están registrando diferencias entre “halcones y palomas” dentro del liderazgo iraní. Al parecer, hay voces dentro del sector de los moderados en el sentido de que las cosas aún podrían enmendarse en cuanto a la relación con los países del Golfo, siempre y cuando éstos estén dispuestos al diálogo y la cooperación. Son las voces de quienes tienen una visión más pragmática al darse cuenta de que Irán no puede darse el lujo de sufrir un colapso económico total al confrontarse simultáneamente con EU, Israel y sus vecinos árabes. Pero, aunque históricamente las relaciones de Irán con las monarquías del Golfo han oscilado entre la confrontación y la coexistencia pragmática, hoy la profundidad de la ruptura parece augurar el fin de dicha coexistencia. De ser así, la región del Oriente Medio estaría por experimentar en el futuro próximo un cambio estructural radical. 

Por otro lado, hay señales claras de que el actual gobierno israelí está por disolverse, debido a la exigencia de los partidos religiosos ultraortodoxos de que se legisle para garantizarles el no reclutamiento de sus jóvenes al ejército, demanda que no ha prosperado al enfrentar gran oposición dentro del Parlamento. Así las cosas, se adelantarán las elecciones planeadas para fines de octubre al mes de septiembre, con lo que se ha dado ya el silbatazo de salida para el inicio de las campañas electorales y de los procesos de formación de alianzas entre políticos y agrupaciones. 

El bloque encabezado por el premier Netanyahu, quien al parecer aún aspira a mantenerse en el puesto, tiene como su competidor más fuerte a un nuevo partido formado por dos conocidos políticos que ya tuvieron el poder en sus manos durante un año y medio, entre 2021 y 2022. Se trata de Naftali Bennett y Yair Lapid, quienes han anunciado la creación del partido de centro-derecha, Veyahad, vocablo que en hebreo significa “Juntos”. Las encuestas le son favorables por lo pronto, pero aún pueden cambiar muchas cosas en los cuatro meses que faltan, tiempo en que lo volátil de la situación regional puede generar sorpresas. En ese contexto no es aventurado pensar que algunas de las dinámicas regionales hoy vigentes podrían modificarse si el timón cambiara de manos en Israel a partir de los resultados de los comicios en puerta.