Los problemas en el estrecho de Ormuz siguen sin solucionarse. En días recientes, seis navíos fueron atacados por Irán, uno de ellos llevando 2 mil 500 contenedores de crudo que, por efecto de una mina, se incendió en aguas al sur del estrecho según lo ha reportado el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Iraníes. Por su parte, el Comando Central de EU no se quedó atrás, bloqueando el paso por el golfo de Omán a naves iraníes. Estos incidentes se han repetido por semanas sin solución a la vista, por lo que los precios de los energéticos se mantienen entre 70 y 95% por encima de los niveles anteriores a la guerra. En este duelo, Irán intenta seguir presionando a fin de que Trump sea humillado con una derrota de su partido en las elecciones de noviembre, por lo que al mandatario estadunidense le urge solucionar el diferendo lo antes posible.
En este escenario, por ahora, Trump parece llevar las de perder porque el conflicto se ha expandido aún más al intensificarse las hostilidades entre Arabia Saudita y los hutíes de Yemen. En cierto modo, el pleito entre ambos es un espejo de la confrontación entre el país persa, por un lado, y EU, Israel y la mayoría de los países árabes sunitas del Golfo por el otro, confrontación que está cada vez más encendida, con un ping-pong de ataques contra las instalaciones petroleras de esos dos países que guardan vecindad geográfica. Además del bombardeo hutí del sábado pasado al aeropuerto internacional de Riad, que mató a 14 personas y dejó cerca de 300 heridos, la empresa saudita Aramco ha sido víctima de embestidas similares, mientras que la coalición saudita ha respondido con la misma moneda: entre otros, un ataque a la compañía petrolera yemenita de Al-Sabaha, muy cerca de la capital, Sanaa. Los daños al aeropuerto saudita obligaron a las autoridades a suspender actividades hasta el día de hoy, dando con ello un golpe a la intención árabe de convertir justamente ese aeropuerto en un centro de conexiones de la aviación global. Apenas en 2023 fue fundada Riad Air para abrir rutas comerciales, con la intención de expandir su capacidad de operación a 120 millones de pasajeros anuales en 2030, muy por arriba de los 41 millones del año pasado. Estos planes han quedado por lo pronto entre signos de interrogación.
Como resultado lógico de lo anterior, las perspectivas económicas del reino árabe son ahora extremadamente pesimistas. El Fondo Monetario Internacional acaba de anunciar su previsión de que el PIB de Riad sufrirá una contracción de 3.3%, muy alejado del crecimiento que en abril pasado se había pronosticado. En realidad, el panorama para Oriente Medio y el norte de África en general es que toda esa región presentará este año un crecimiento negativo. Otro más de los temores que flotan en Arabia es el de la posibilidad de que los ataques hutíes lleguen a tener como blanco sus plantas desalinizadoras de agua, imprescindibles en el clima desértico que le es propio.
Todo esto obviamente exacerba la preocupación de la administración estadunidense y de la economía global en general por la imparable alza de los precios de los energéticos y sus derivados. Por su parte, el presidente Trump sigue respondiendo erráticamente al respecto, al oscilar entre amenazas implacables y anuncios de inminentes arreglos político-diplomáticos que hasta ahora no han dado fruto. Su última declaración, después de conversar con el príncipe saudita Mohamed bin Salman –quien siempre creyó ingenuamente en el apoyo incondicional de EU– fue que podría pedirle al presidente turco Erdogan su intervención en apoyo a los intereses sauditas, aunque curiosamente, y desde el bando opuesto, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ofreció a su contraparte saudita, Faisal bin Farhan, ayuda para coordinar un diálogo entre Arabia y Yemen, a fin de facilitar una solución política. Tras ocho meses del inicio de la guerra entre EU e Israel contra Irán, el panorama regional en Oriente Medio es, sin duda, otro, bastante más enredado, menos previsible a futuro y más cargado de efectos amenazantes no sólo para los habitantes de esa parte del mundo, sino para el entorno internacional global.
