Nicaragua: hoy como hace 40 años
• Con Daniel Ortega se repite la historia dictatorialde los Somoza.
Hoy se cumplen 40 años del triunfo de la revolución sandinista que derrocó a la dinastía Somoza, entronizada en el poder durante cuatro décadas. Anastasio Somoza García llegó a la presidencia de Nicaragua en 1937, con el respaldo de Estados Unidos, y después de asesinar a Augusto César Sandino. Implantó un régimen autoritario, represivo y corrupto, y se mantuvo en la silla presidencial hasta que murió por un atentado en 1956. Le sucedió su hijo Luis Somoza Debayle (en su mandato fue fundado el Frente Sandinista de Liberación Nacional) hasta 1967, cuando murió de un infarto, y quedó en su lugar su hermano Anastasio Somoza, cuyo ascenso al poder quedó estigmatizado con sangre, la Masacre de la Avenida Roosevelt, donde la Guardia Nacional disparó contra opositores. Este carácter represivo, la corrupción, el enriquecimiento ilícito (los Somoza fueron de las familias más adineradas de América Latina), y descontento generalizado marcaron su gobierno, causando indignación mundial su lucro con la millonaria ayuda por el terremoto de 1972.
En 1978 el asesinato del director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, fue el detonante revolucionario comandado por el FSLN y por diversas organizaciones que enarbolaban un programa democrático, económico y social avanzado. Fue una insurrección nacional, con pasajes memorables como el asalto al Palacio Nacional por Edén Pastora, que permitió la liberación de su histórico dirigente Tomás Borge y reveló la gran vulnerabilidad del ejército somocista. Los sandinistas fueron tomando ciudades, y el dictador se quedó sin respaldos, ya que el presidente Carter lo condenó, al igual que diversas naciones de la región, por ejemplo México, que rompió relaciones con Nicaragua. En junio de 1979 el FSLN convocó a una ofensiva final, Somoza renunció y el 17 de julio salió del país. Dos días después, el FSLN entró en Managua, e internacionalmente se reconoció al nuevo gobierno, integrado por Alfonso Robelo, Violeta Barrios y los sandinistas, Sergio Ramírez, Moisés Hassan y Daniel Ortega, quien lo presidió.
Pronto se dio la ruptura con los miembros independientes, quienes se opusieron a las tendencias dictatoriales y socialistas de Ortega, quien se legitimó electoralmente cuando venció (1984), pero enfrentó el bloqueo del presidente Reagan, la guerra de los “contras” y una grave crisis económica. En 1990, Ortega perdió la reelección, y fue derrotado sucesivamente en 1996 y 2001. Ello permitió la consolidación de la democracia (el fortalecimiento del parlamento, la restricción de la reelección presidencial) y de la economía de mercado. Sin embargo, en 2007, Ortega ganó la elección y desde entonces ha maniobrado para quedarse fraudulentamente en la presidencia: los comicios de 2016 fueron una farsa, al realizarse sin candidatos opositores ni órganos electorales independientes. Su régimen se caracteriza por la concentración de poder; el control del aparato de justicia y electoral; el sometimiento del parlamento; la persecución y violencia contra periodistas, críticos y opositores; el genocidio de los miskitos; la apropiación del Estado como negocio familiar (por ejemplo, ha desviado tres mil 500 millones de dólares del subsidio venezolano) y el enriquecimiento ilícito; el establecimiento de la reelección indefinida e intentar implantar una dinastía, con su esposa Rosario Murillo en la vicepresidencia.
En Nicaragua, otra vez, los jóvenes repiten la lucha antidictatorial, pero ahora contra quien traicionó la gesta revolucionaria de hace 40 años.
ENTRETELONES
El viejo régimen puede ser sustituido por otro, aún más autoritario y corrupto.
