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Neoliberalismo y populismo

La relevancia que adquieren en los planes de la futura presidencia de AMLO el “combate a la corrupción y la política de austeridad republicana”, y la “descentralización” presentan coincidencia paradójica con propósitos básicos del primer gobierno neoliberal en ...

La relevancia que adquieren en los planes de la futura presidencia de AMLO el “combate a la corrupción y la política de austeridad republicana”, y la “descentralización” presentan coincidencia paradójica con propósitos básicos del primer gobierno neoliberal en México, el de Miguel de la Madrid (MMH), pese a que el “proyecto alternativo de nación” se plantea como una respuesta antagónica al neoliberalismo.

En el Plan Nacional de Desarrollo (PND,1983-88) se priorizó el reordenamiento económico para superar la crisis. La política de austeridad y racionalización del gasto público buscó la estabilidad macroeconómica. Las draconianas medidas de austeridad de AMLO (recorte de áreas gubernamentales enteras, despido de miles de burócratas, etcétera) pretenden ahorrar recursos para la inversión pública y el gasto social. Si bien, en este caso, la finalidad es contraria a la de MMH, ya que se va en un sentido estatista y asistencialista, el gigantesco ajuste significa, asimismo, redimensionar la administración pública federal.

Dentro de las políticas del cambio estructural y para recuperar el crecimiento del PND estaba la “descentralización de la vida nacional”, incluyendo las actividades productivas. No era concebida simplemente como una desconcentración de secretarías de Estado, sino aspiraba a “modificar la inercia de crecimiento de la Ciudad de México”, “fortalecer el federalismo” (dar mayores atribuciones a los estados y municipios) y “promover la plena incorporación de las distintas regiones al desarrollo nacional”. Por otro lado, en el Proyecto Alternativo de Nación 2018-24 se afirma que para superar el histórico centralismo se instrumentará un “programa de descentralización de dependencias federales”, que contribuya “a la reactivación económica para la generación de empleo y bienestar de las comunidades”. Si bien ambos planes comparten el objetivo del desarrollo estatal y regional, en el de MMH se aspiraba a fortalecer las atribuciones locales, mientras que el de AMLO se limita a una masiva desconcentración administrativa e incluso, hasta en sentido contrario del federalismo, ya que se pretende crear supracoordinaciones en cada estado (en sustitución de delegaciones federales), que dependerán directamente del presidente, es decir, una reconcentración política (lo opuesto a una descentralización).

En el PND se destaca la necesidad de una “renovación moral como un principio orientador básico”, que exige “el cumplimiento escrupuloso de nuestras leyes”, “la mejor regulación de las responsabilidades de los servidores públicos y el fortalecimiento de los mecanismos de control y vigilancia de la administración”. Para AMLO, la corrupción es “una desviación de los gobernantes que puede y debe ser erradicada”, para lo cual “resulta fundamental respetar la ley, si hay voluntad para aplicarla, se puede atacar la impunidad desde su raíz”, y sus 50 lineamientos para la austeridad y contra la corrupción ponen el acento en acabar con fueros, privilegios y abusos de los funcionarios públicos, restricciones salariales, etcétera.

Mas allá de paradójicas similitudes formales y efectivas diferencias reales entre MMH y AMLO, la austeridad como terapia de choque ha implicado, en lo inmediato, debilitamiento de la acción del Estado y demérito en su intervención económica y social, al restringirle recursos básicos (potencial fuente de corrupción), desarticular su operación cotidiana y de los programas de gobierno, no se diga, si efectivamente se produce la mudanza administrativa, como pretende el nuevo gobierno.

ENTRETELONES

Justicia para las víctimas, no perdón para victimarios.

                Twitter: @evillarrealr

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