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El dilema que hunde a Argentina

• El 2019 comenzó con los peores augurios inflacionarios.• A la inestabilidad macroeconómica le acompaña la caída del PIB.

Mauricio Macri llegó a la presidencia de Argentina con la promesa de contener la crónica inflación, históricamente de dos o más dígitos, y lograr el crecimiento sostenido. Si bien el nuevo gobierno logró el respaldo fondomonetarista (de 57 mmdd a cambio de una draconiana austeridad), ha fracasado en los dos objetivos mencionados.

En 2016 (primer año de Mauricio Macri), el alza de precios llegó al 40.3%, y el año pasado la inflación cerró en 48 por ciento. El 2019 comenzó con los peores augurios inflacionarios, al pronosticarse 28.7%, aunque lo más seguro es que se supere lo pronosticado: en marzo, la inflación llegó a 4.7%, y para el primer trimestre sumó un 11.8%, esto es, casi la mitad de lo esperado en 12 meses, y rebasar la meta oficial de 40 por ciento. Un indicador explosivo que expresa la crónica crisis de confianza en el peso y la economía es el dólar, que aumentó 118% su valor en el 18, y para el 19 se espera que termine en 48 pesos por cada billete verde (una devaluación de 29.5%). A la inestabilidad macroeconómica le acompaña la caída del PIB (en el 18 fue de 2.5%), y para el cierre del gobierno actual se contraiga 1.2%, un desempleo de 8.7%, el hundimiento del consumo, 9%; la pobreza alcanza el 32% de la población, y el endeudamiento supera el 90% del PIB.

El justo descontento popular por la crisis, las marchas y protestas son campo fértil para la acción política opositora a menos de seis meses de las elecciones. El 30 de abril, el líder sindical Hugo Moyano, disidente de la CGT y kirchnerista, convocó a un paro general. Si bien la parálisis afectó fundamentalmente a Buenos Aires, el objetivo de Moyano es empujar a la CGT, y a otras centrales sindicales, a una huelga general antes de los comicios que debilite electoralmente a Mauricio Macri, y facilite el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner. La exmandataria todavía no declara si contendrá y, aunque está sujeta a un proceso judicial por corrupción (tiene fuero, pero el juez Claudio Bonadio pidió prisión preventiva), su popularidad está en aumento (reunió a miles en la presentación de su libro), y diversos sondeos la dan vencedora sobre Mauricio Macri, cuya imagen y credibilidad están en picada. Incluso las encuestas no le garantizan al presidente pasar a la segunda vuelta, por lo que se especula sobre su posible sustitución por María Eugenia Vidal, gobernadora de Buenos Aires, como la candidata oficialista.

A la política “callejera” y de polarización de los peronistas radicales, el temor empresarial por el retorno del kirchnerismo, y el agravamiento de la crisis, en la desesperada, Macri anunció un plan de control de precios y tarifas durante seis meses como parte un “pacto entre caballeros” con empresarios, lo que incluye congelar tarifas de electricidad y gas, ayudas para la compra de medicamentos, compra de vivienda, entre otras acciones. El presidente ofreció un “acuerdo de estabilidad” a los peronistas moderados (fortalecidos por el triunfo arrollador de Juan Schiaretti en la gubernatura de Córdoba), y llamó a la calma. Sin embargo, conforme más probable parece el retorno de Cristina Fernández a la contienda y al poder, mayormente crece la alarma financiera (ella podría suspender el pago de la deuda, hacer más estatizaciones, entre otras medidas populistas), empeorará la situación económica y se reducirán las posibilidades de reelección de Mauricio Macri, a menos que capee rápidamente la “tormenta perfecta” (una buena noticia fue que bajó la inflación en abril), y aproveche los temores de las clases medias y de la división electoral opositora. Es el dilema que hunde hoy a Argentina.

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