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Chantajes de Trump: logros y límites

La prepotencia, bravuconería, intimidación, engaño, victimización y el chantaje forman parte de una estrategia del conflicto que caracteriza el estilo trumpista de gobernar, negociar y de relacionarse con el mundo, incluyendo a sus socios y aliados. Aunque ello le ha ...

La prepotencia, bravuconería, intimidación, engaño, victimización y el chantaje forman parte de una estrategia del conflicto que caracteriza el estilo trumpista de gobernar, negociar y de relacionarse con el mundo, incluyendo a sus socios y aliados. Aunque ello le ha generado a Trump polarización y tensiones (internas y foráneas), dicha estrategia le ha servido para cosechar algunos éxitos.

El caso del TLCAN es emblemático en este sentido. Una de las principales promesas de campaña del republicano fue salirse de aquel, y esta espada de Damocles le funcionó para demandar lo inaceptable (como exigir una cláusula de terminación automática cada 5 años), dividir a sus contrapartes (negociar por separado con los mexicanos, los más vulnerables), ablandarlos y obtener concesiones fundamentales (por ejemplo, cambiar a su favor la solución de controversias) y lograr la firma de un tratado bilateral con México.

Si bien para este país, ante la posibilidad de la ruptura con Estados Unidos, el solo hecho de preservar el acuerdo comercial (y de poder acabar con la incertidumbre financiera) con su principal socio, significó un éxito, en realidad quien se llevó la victoria fue el mandatario norteamericano, pues con el nuevo pacto (que incluye reglas más nacionalistas para el sector automotriz estadunidense), puede vender electoralmente que no sólo cumplió con la promesa de “liquidar el (antiguo) TLCAN”, sino que pudo defender exitosamente los empleos norteamericanos y los intereses comerciales de su nación (con un creciente déficit), y todavía tuvo el descaro de fanfarronear de que  “México pagará el muro”.

En esta lógica electorera, Canadá le estorba, y por ello Trump dijo que no era necesario integrarlo al acuerdo bilateral, e inclusive, a menos de 24 horas de la notificación formal al Congreso de aquel, otra vez amenazó con “terminar por completo con el TLCAN”, si los legisladores interfieren en las negociaciones, y de obtener un trato justo con los canadienses, quienes por décadas han “abusado” de la Unión Americana, entonces, quedarían fuera, y les aplicaría más aranceles.

De nuevo el chantaje y la intimidación, pero ahora el endurecimiento hacia Canadá (al que no le hará concesiones), busca que ésta sea la que rompa las negociaciones o, en todo caso, culpar a los congresistas de que no prosperen (por ejemplo, si favorecen a ese país o se oponen a una aprobación fast track del bilateral), y lavarse las manos ante los ciudadanos de la responsabilidad por el fracaso de lo acordado, y justificar su salida definitiva del “viejo” tratado trilateral, “y estaremos mejor”.

Si la estrategia del conflicto le ha funcionado a Trump en lo que respecta al TLCAN, no parece lo mismo con respecto al Rusiagate, donde sus sucias tácticas no han impedido que se estreche el cerco judicial: con la comparecencia del director jurídico de la Casa Blanca, Don McGahn, la declaración de culpabilidad de su exjefe de campaña, Paul Manafort y de su exabogado, Michael Cohen, quien aceptó haber violado leyes de financiamiento electoral (por órdenes del mismo excandidato presidencial), crece el riesgo legal para el presidente (quien se niega a reunirse con el fiscal especial Robert Mueller ante el temor de ser acusado de perjurio) y, sobre todo, si los republicanos pierden la elección con los demócratas (como parece), Trump podría ser objeto de un juicio político. O ¿cederán a su último chantaje de que si lo enjuician, “los mercados financieros se hundirán y el crecimiento se frenará”?

ENTRETELONES   

Cristóbal Arias, fuerte precandidato de Morena para el gobierno de Michoacán.

               

                Twitter: @evillarrealr

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