Centenario del Tratado de Versalles
• Están dadas las condiciones para una Tercera Guerra Mundial.
Hoy se cumplen cien años del Tratado de Versalles, que puso fin a la Primera Guerra Mundial, la gran catástrofe con la que inicia el siglo XX, con 18 millones de muertos (y su secuela de decenas de millones de fallecimientos causados por la fiebre española), 21 millones de heridos y mutilados, 10 millones de refugiados, 300 mil casas destruidas, numerosas ciudades y pueblos total o parcialmente devastados, al igual que carreteras, puertos, fábricas, etcétera. A los principales beligerantes la guerra les costó 180 mil mdd, y sumió a Europa, y a parte del mundo, en una profunda crisis que desembocó, 20 años después, en una segunda conflagración global, en buena medida por lo acordado en París hace una centuria.
Las decisiones que se tomaron en la capital francesa crearon mayores fuentes de conflicto que de paz, cumpliendo con la máxima de que “las guerras conducen a tratados, y éstos a guerras”. Si bien Alemania no fue despojada de Renania ni hundida económicamente, como era el deseo de Georges Clemenceau, jefe de gobierno de Francia, los acuerdos de los vencedores sí implicaron declarar culpable a la nación germana de la conflagración y, por ende, tuvo importantes pérdidas territoriales, se le quitaron sus colonias, se le obligó a pagar fuertes indemnizaciones y reparaciones, se redujo sustancialmente su ejército, y se le excluyó de la Sociedad de Naciones (SDN), ideada por el presidente norteamericano Woodrow Wilson, “a fin de promover la cooperación y alcanzar la paz y seguridad internacionales”, según se estableció en su carta fundacional. Por el contrario, en la conferencia parisina imperó el ánimo revanchista y l a rapiña colonialista de los viejos imperios. Reino Unido y Francia controlaron a la SDN, ante la ausencia de Estados Unidos (que no ratificó el Tratado de Versalles) y de instituciones globales que permitieran ejercer una gobernanza mundial, y crear un nuevo orden económico basado en los principios wilsonianos, lo que hubiera implicado, por ejemplo, preservar la globalización.
Sin embargo, en la posguerra prevaleció lo opuesto, un mundo fragmentado y conflictuado. Las viejas rivalidades entre las potencias fueron acompañadas de las heridas y rencillas nacionalistas, fascismos y militarismos, revolución socialista y totalitarismo, guerras regionales y carrera armamentista, proteccionismos y crisis económicas, entre otros fenómenos que convergieron y dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial. Así, lejos de que Versalles significara un cierre al imperialismo decimonónico, fue el inicio de una etapa aún más beligerante, que conjugó añejas contradicciones imperialistas con proyectos delirantes como el hitleriano, y el nuevo conflicto mundial fue todavía más devastador (50 millones de muertos), lo que tampoco fue un impedimento para que luego estallara la Guerra Fría y se perpetuaran los enfrentamientos bélicos regionales y entre países.
Cien años después de Versalles, existen fenómenos similares a los que ocasionaron las dos guerras mundiales. Al empezar el milenio, la globalización, la paz y la supervivencia planetaria están amenazadas, con dirigentes nacionalistas y militaristas; crecientes tensiones políticas y guerras regionales; desaceleraciones económicas globales y escaladas arancelarias, hoy entre Estados Unidos y China, que le disputa la hegemonía internacional. La reunión del G20 en Japón es una oportunidad para que los líderes mundiales aprendan de la lección de Versalles, aunque Trump busca eternizar el revanchismo y la rapiña que causaron las guerras mundiales.
ENTRETELONES
Irán, otro eslabón débil que puede detonar el Apocalipsis.
