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A 80 años del fallido apaciguamiento

En Mi lucha, Adolfo Hitler había anunciado sus proyectos imperialistas y, una vez en el poder, se apresuró a realizarlos, aprovechando la política británica de evitar mayores conflictos. Los británicos validaron el rearme alemán, y la violación de los pactos internacionales, con tal de no darle pretexto a Hitler para que realizara más acciones imperialistas

La política de apaciguamiento o de sometimiento del Reino Unido (RU) ante la agresividad imperialista de Hitler contribuyó al estallido de la Segunda Guerra Mundial, que en septiembre cumple 80 años de haber comenzado.

En Mi lucha, Adolfo Hitler había anunciado sus proyectos imperialistas y, una vez en el poder, se apresuró a realizarlos, aprovechando la política británica de evitar mayores conflictos, a fin de no desencadenar una nueva guerra y, por ello, dejó pasar la invasión japonesa de Manchuria, en 1931, violatoria de la soberanía china, y de la Carta de la Sociedad de Naciones (SDN). Con este precedente, en 1935, el Führer hizo público el rearme de Alemania (iniciado en secreto años atrás), lo que era un desafío a Occidente, al ser violatorio del Tratado de Versalles y otros acuerdos, y cuyo objetivo era evitar que la nación alemana volviera erigirse en una amenaza. Incluso, en ese año, se firmó el acuerdo naval germano-británico, por el cual los ingleses aceptaban que los alemanes pudieran tener una fuerza naval hasta el 35% del total de la marina real. Así, los británicos validaron el rearme alemán, y la violación de los pactos internacionales, con tal de no darle pretexto a Hitler (y a Mussolini, al tolerar su invasión a Etiopía) para que realizara más acciones imperialistas. Sin embargo, ambos fascistas interpretaron la política de apaciguamiento como debilidad y continuaron con sus provocaciones, puesto que, en el caso del líder nazi, estaba decidido a conquistar el espacio vital, que les “correspondía” a los alemanes por ser la “raza superior”. En 1936, el Führer repudió lo acordado en Locarno, remilitarizó Renania y realizó una espuria consulta para legitimar la medida. La SDN, el RU y Francia condenaron el hecho, aunque no hicieron nada para revertirlo, ya que la contemporización con el fascismo provocó que aquéllos no se fortalecieran militarmente. La República Española también fue víctima de dicha política, ya que el RU mantuvo la neutralidad durante la guerra civil y desalentó la intervención de Francia a favor de aquélla, mientras que los fascistas dieron gran respaldo militar a Franco.

Con Neville Chamberlain como primer ministro del RU (1937), el fracaso del apaciguamiento se reveló rápidamente. En 1938, primero, Alemania se anexó Austria, y ante la ausencia de todo obstáculo, el “dictador loco” (Chamberlain) amenazó con desencadenar la guerra si no se le cedían los Sudetes, territorio checoslovaco, pero que poseía una mayoría étnica germana, y el movimiento pronazi de Henlein, quien demandó lo inaceptable para el gobierno de Praga, la incorporación de la región al Reich alemán. A diferencia de las pasadas anexiones hitlerianas, en este caso RU y Francia (que tenía compromiso de defender a los checos), incrementaron la presión contra Hitler, quien convoca a una cumbre en Múnich, donde se aceptó su exigencia de que se le entregara los Sudetes, a cambio de  “respetar la soberanía checa”. A su regreso, Chamberlain declaró “he traído la paz”, a lo que Churchill reviró: “A nuestra patria se le ofreció entre la humillación y la guerra; ya aceptamos la humillación y ahora tendremos la guerra”. En marzo del 39, Alemania termina por devorarse el territorio checo y, en abril, Mussolini conquista Albania, y con la invasión de Polonia se consuman los planes nazis de una nueva guerra mundial.

La prudencia frente a Hitler fue contraproducente porque, al revelar pánico y extrema debilidad de los demás gobiernos, sirvió para atizar su agresividad imperial.

ENTRETELONES

Peligra la Unión Europea con el avance electoral de la ultraderecha.

                Twitter: @evillarrealr

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