A 30 años de la matanza de Tiananmen

Ante la cerrazón gubernamental, conforme pasaron las semanas, crecieron y se extendieron las protestas

En ninguno momento será bueno para el gobierno chino tener que recordar la matanza de Tiananmén, pero mucho menos este año, cuando la conmemoración del 30 aniversario de esta masacre coincide con los 60 años de la sublevación tibetana, y porque se cumple un año de guerra comercial con Estados Unidos, lo que, de agravarse, puede poner en riesgo su milagro económico (el año pasado disminuyó su crecimiento, y sigue la desaceleración), cuyo éxito le sirve a sus gobernantes para justificar la brutal represión de hace tres décadas.

Las reformas de Deng Xiaoping crearon la expectativa de que las “cuatro modernizaciones” (capitalistas) serían acompañadas de una liberalización política o quinta modernización, pero desde un principio la democracia no entró en los planes del aquél. No sólo encarceló a quienes la demandaron públicamente en diciembre de 1978, como Wei JIngsheng (preso durante 15 años), sino que destituyó al secretario general del Partido Comunista, Hu Yaobang, con el pretexto de que no pudo controlar las protestas estudiantiles de 1987, pero en realidad fue por ser partidario de la apertura política. El 15 de abril de 1989 falleció Hu, y el luto público sirvió de válvula de escape para la inconformidad política de estudiantes, intelectuales y otros sectores urbanos por su “injusta destitución”, para expresar la necesidad de reivindicar sus ideas liberales (por ejemplo, sobre la libertad de prensa y de expresión) y su legado político (se pidió una reunión con el primer ministro Li Peng, quien la rechazó), y para demandar democracia, libertades políticas, castigo a la corrupción, entre otros.

Ante la cerrazón gubernamental, conforme pasaron las semanas crecieron y se extendieron las protestas (Pekín, Shanghái, Hong Kong y otras ciudades) y los enfrentamientos policiales. Para principios de mayo, más de cien mil marcharon en la capital, y los líderes estudiantiles pidieron un diálogo formal a las autoridades, pero éstas se negaron. A mediados de ese mes, casi un millón de manifestantes, provenientes de diversas ciudades, ocupaban la plaza de Tiananmen, mil de ellos se declararon en huelga de hambre, insistían en su exigencia de diálogo, y aprovecharon la cobertura internacional a la visita de Gorbachov para difundir su movimiento. El gobierno y el partido estaban divididos sobre cómo enfrentar la protesta, pero se impuso la línea dura de Li Peng, quien declaró la ley marcial y optó por la intervención militar, y el ejército tomó el control de Pekín. El 4 de junio, la toma de la Plaza de Tiananmen fue violenta: se recurrió a tanques (dio la vuelta al mundo la imagen del joven chino que los confrontó) y a 300 mil soldados para desalojarla, y también se reprimió a los manifestantes desarmados de los alrededores (en provincia, las protestas siguieron unos días más). Se desconoce el número de muertos y heridos, según la versión oficial fueron cientos, pero estimaciones extraoficiales calculan decenas de miles. Días después siguió la persecución, se apresaron a algunos de los líderes del movimiento (entre ellos, Wang Dan) y se supo de manifestantes que fueron fusilados.

A la fecha, el gobierno chino impide cualquier conmemoración (sólo en Hong Kong pudo darse) y justifica la masacre, “porque trajo la estabilidad necesaria para la economía y el bienestar”. Si bien la protesta y la matanza de Tiananmen poco ayudaron para impulsar la democratización de China, sí lo desnudó ante el mundo como un Estado totalitario, violador de los derechos humanos, que puede ser sanguinario.

ENTRETELONES

A diez años de la tragedia de la guardería ABC, sigue impune.

Twitter: @evillarrealr.

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