“Calentar la plaza” y sumar debilidades

Se suele denominar “calentar la plaza” cuando un grupo, generalmente de narcotraficantes, detona una escalada de violencia asesinatos, atentados, bloqueos, etcétera en algún territorio que controla para aterrorizar a la población, llamar la atención de los medios, ...

Se suele denominar “calentar la plaza” cuando un grupo, generalmente de narcotraficantes, detona una escalada de violencia (asesinatos, atentados, bloqueos, etcétera) en algún territorio que controla para aterrorizar a la población, llamar la atención de los medios, amenazar o intimidar a las autoridades o alguna banda rival. Si los narcos se alían con guerrilleros, paramilitares, candidatos o partidos, suelen “calentar una elección” para amedrentar y vencer al rival, como parece que sucede en el proceso electoral de Tamaulipas.

En analogía con esta situación, políticamente “calentar la plaza” se produce cuando un grupo, muchas veces un grupúsculo radical, provoca un conflicto (paro, huelga, etcétera) en alguna institución y/o territorio, con la finalidad de obtener ganancias políticas propias y preparar el “ambiente” (mítines, movilizaciones, plantones, etcétera) que sirvan para prender la chispa, oxigenar o resucitar movimientos, partidos o caudillos con los que simpatizan o a los que le sirven. Es el caso de los activistas del Politécnico, de la CNTE y de AMLO.

Se sabía que los centistas planeaban un paro magisterial, que le llaman “nacional”, aunque se circunscribe a cuatro estados. La CNTE es una fuerza agónica y que requiere oxigenación, especialmente en los lugares donde sus bases han menguado y que es ampliamente repudiada, como en la Ciudad de México. En paralelo, en la capital se desarrollan las campañas electivas del Constituyente, que no han prendido, al igual que los desangelados mítines de AMLO en diversas delegaciones. En este escenario, “calentar la plaza capitalina” resultaba indispensable para intentar encender las movilizaciones magisteriales y los mítines obradoristas.

Después de los acuerdos entre autoridades y estudiantes, de 2014, es natural la preocupación por la adscripción de las vocacionales, la autonomía del IPN, la erradicación del porrismo y la celebración del Congreso Nacional Politécnico (CNP). Difícilmente ello justifica un paro en las vocacionales (que dura más de un mes) por una minoría de activistas que perjudica a más de 43 mil estudiantes, particularmente a unos diez mil que pretenden ingresar a la educación superior. Tampoco se justifica la radicalización de los paristas, cuando plantaron al titular de la SEP, Aurelio Nuño, quien ofreció un diálogo franco y directo, ni mucho menos el incumplimiento del acuerdo para la entrega de los planteles el miércoles antepasado, pese a que, en distintas escuelas tomadas, la mayoría se ha manifestado por reanudar clases.

Lo paradójico del paro es que ha provocado el retraso de los trabajos preparatorios del CNP (la votación para integrar su comisión organizadora), el cual, se supone, sea la instancia que defina los cambios en el IPN. Los activistas culpan a las autoridades de las maniobras dilatorias, pero son aquéllos quienes sabotean el Congreso, creyendo que, si se prolongaba el paro, podrían negociar con más fuerza, olvidando que el descrédito de su movimiento ocasiona un desgaste más acelerado. 

La intransigencia de los activistas politécnicos “calentó la plaza” para el plantón de la CNTE, aunque las movilizaciones de ésta nada les abonaron a aquéllos y, al parecer, el paro llega a su fin. En cambio, la protesta de la CNTE se hace más beligerante y provocadora, tratando de escalarla a otros ámbitos para desgastar al gobierno y, de ser posible, “tirar” de la SEP a Aurelio Nuño, y así beneficiar a AMLO, al intentar quitarle del camino a un presidenciable al que no ha intimidado.

ENTRETELONES

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