El totalitarismo de Maduro
Es la verdadera amenaza para América Latina y Venezuela misma.
Después de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, emitió un decreto que declaró a Venezuela una amenaza a la seguridad nacional, el parlamento de este país aprobó una “ley habilitante antiimperialista”, que le otorga “superpoderes” a Nicolás Maduro, pedidos por el mismo Presidente para gobernar por decreto en lo que resta del año. Dicha ley permitirá a Maduro legislar para “la protección contra la injerencia de otros Estados en asuntos internos, acciones belicistas o cualquier actividad externa o interna que pretenda violentar la paz”.
En mensaje nacional, Maduro aseguró: “Con la habilitante no me para nadie para proteger al pueblo de los corruptos, contra la burguesía parásita”. Luego en una carta abierta que publicó el The New York Times, afirmó que “Venezuela no es una amenaza, sino una esperanza”, y expresó que la medida de Obama viola “los principios básicos de la soberanía y la libre determinación”.
La amenaza de Obama le sirve a Maduro de “cortina de humo” para intentar distraer la atención sobre el hundimiento económico, las graves violaciones a los derechos humanos, la polarización política y social que configuran un escenario cada vez más explosivo para Venezuela. Asimismo, le resulta útil al dictador para seguir con sus políticas suicidas como las leyes habilitantes de 2013, cuando diversos decretos establecieron la limitación de las ganancias empresariales, la centralización de la distribución de alimentos y la elevación de impuestos a la renta y al consumo.
Evidentemente, la hostilidad estadunidense es ocasión para que Maduro persista con su gastada retórica nacionalista-antiimperialista, que lo victimiza y le consigue la solidaridad de sus aliados regionales (Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua) y de la Unasur y, con ello, evitar condenas y sanciones internacionales. Maduro ha reforzado sus alianzas extracontinentales, con China, Irán y, especialmente, Rusia, compartiendo con ésta autoritarismo, militarismo, intereses petroleros, encono contra Estados Unidos y, ahora, sanciones de éste.
Dados los nexos de Maduro con narcos, terroristas y guerrilleros, sí representa una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, pero sobre todo lo es para América Latina y para Venezuela misma. Lejos de legitimar una eventual intervención militar, Obama hace una crítica velada al inmovilismo latinoamericano y europeo, cuyos gobiernos y sociedades no parecen estar conscientes del peligro que representa Maduro, ya que conforme: 1) se aferre al poder, su totalitarismo propiciará más tensiones, polarización y desestabilización regional; 2) se mantenga el crudo barato, la petrolización económica venezolana empujará la baja de precios, perjudicando a México; y 3) se prolongue la crisis, el gobierno seguirá apropiándose de la economía, alentando las tentaciones dictatoriales, caudillistas y estatistas en otras naciones…
Claro, la peor amenaza que representa Maduro es para Venezuela. Las “leyes habilitantes”, símiles de las leyes ultrafascistas de Mussolini, son un cheque al portador para actuar como dictador totalitario, seguir tiranizando impunemente y provocar mayor sufrimiento a la población, al aferrarse a un modelo económico en bancarrota. Lleva a su país a la guerra económica y social, a un mayor baño de sangre y a un colapso que tardará décadas en superarlo y, por ello, es el primer desestabilizador y amenaza para la soberanía.
La próxima Cumbre de las Américas es la oportunidad para que las naciones democráticas condenen a Maduro, tomen acciones concretas que lo aíslen y se generen condiciones para la transición democrática. Si se sientan con él, lo legitiman.
Entretelones
Podemos se opuso a una resolución del parlamento europeo que pedía la liberación de los presos políticos, correspondiendo al financiamiento que recibe de Maduro.
