Reserva de información

Una medida que serviría a favor de la transparencia es que periódicamente se hicieran públicas las reservas de información de las dependencias gubernamentales.

Una de las grandes preguntas que nos hacemos muchos ciudadanos se refiere a uno de los aspectos más importantes de la transparencia en las adquisiciones y obras públicas, y se refiere a la hoy famosa reserva de información que todas, o casi todas, las dependencias de cualquier nivel de gobierno realizan, diría yo, sin el menor rubor.

Desgraciadamente, el golpe que le dio a la credibilidad del Instituto Nacional de Acceso a la Información (Inai) la expresidenta, y hoy candidata a diputada por el PRI, perdurará por muchos años. El mejor ejemplo es el lío que se ha armado con los reemplazos que decidió el Senado y que han sido cuestionados por varios partidos.

Pero volviendo al tema central de este artículo, la reserva se ha convertido en el camino fácil para no informar a la población de cómo se usan los recursos públicos y los servidores se sienten muy tranquilos con el uso de este recurso que, en mi opinión, debería utilizarse en pocos casos claramente justificados y no para ocultar información dudosa a la población.

No se han dado cuenta que en vez de protegerse o proteger a alguien por instrucciones “superiores”, lo único que provocan es mayor desconfianza hacia las acciones de la administración pública de cualquier nivel.

Entendemos que se deben proteger ciertas adquisiciones u obras por cuestiones de seguridad nacional, léase las secretarías de Defensa Nacional y Marina, incluso algunas de la Secretaría de Gobernación podrían caer en el supuesto de la reserva por varios años, pero la mayoría de las otras no se justifican.

¿Por qué hay que reservar las adquisiciones y obras de las secretarías de Desarrollo Social, Comunicaciones, Desarrollo Agrario, por ejemplo? No hay la menor justificación para ello si en realidad se hacen de acuerdo con las leyes en la materia, pero por lo visto ello no ocurre. La decepción es enorme, sobre todo cuando en los medios de comunicación aparecen noticias acerca de supuestos desvíos en las adquisiciones u obras.

El método para reservar es muy sencillo, pues son las mismas dependencias quienes tienen la facultad de hacerlo, sin la menor intervención de algún organismo independiente. Por supuesto que arriba de estas decisiones está el Inai, pero hasta la fecha los resultados que ha dado son muy pobres.

Considero que llegó la hora de modificar la legislación para que las decisiones en materia de reserva se revisen y actualicen para que la población esté tranquila con las decisiones que se tomen. Nadie entiende, por ejemplo, las variaciones en cuanto a años de reserva que fijan las dependencias; sin embargo, cuando uno hace las cuentas surge la duda respecto de si cuando finalmente se hagan públicas ya habrá vencido el plazo para fincar las responsabilidades en contra de los servidores públicos que realizaron los actos.

Habría que tener la posibilidad de que tanto los responsables como quienes tomaron las decisiones de reserva pudieran ser enjuiciados y que los plazos para poder ejercer las acciones legales surtieran efecto a partir del vencimiento de las reservas.

Existe la obligación de las dependencias de tener órganos de transparencia que supuestamente son los encargados de las decisiones en la materia y se les ha dotado de personal y recursos para realizar sus actividades, pero hasta ahora los resultados han sido escasos.

Sería conveniente saber cuál es la posición de los candidatos a la Presidencia en este tema tan delicado, mismo que hasta la fecha, en lugar de dar tranquilidad, sólo ha levantado suspicacias, reflejadas en los medios de comunicación y la población.

Una medida que serviría a favor de la transparencia es que periódicamente se hicieran públicas las reservas de información de las dependencias gubernamentales para saber si no están abusando del instrumento que se debería utilizar en casos plenamente justificados.

El Inai y los órganos de transparencia de las dependencias han quedado a deber a los mexicanos con su actuación y la opacidad sigue reinando, ahora amparada en las famosas reservas por años de la información. Esto debe acabar ya.

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