Desempleo y robótica
Según el WEF, entre los años 2015 y 2020 la digitalización de la industria puede conllevar a la desaparición de siete millones de puestos de trabajo y tan sólo la creación de 2.1 millones de nuevos empleos.
Hay un gran acuerdo en reconocer que la primera revolución industrial se debió a la introducción de la máquina de vapor y el ferrocarril; la segunda fue gracias a la electrificación; la tercera vino con las computadoras y el internet y, ahora, la cuarta revolución industrial llega, sin duda, gracias a la robótica y a la llamada inteligencia artificial.
Y esta cuarta revolución industrial, o Industria 4.0, está causando, como nunca, una posible disrupción en el área laboral, y yo agregaría en lo social y lo político, por lo que ya existen diversos estudios y opiniones sobre lo que puede pasar.
Los organismos internacionales como el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y el World Economic Forum (WEF), entre otros, han publicado opiniones y textos sobre el tema.
El último, según los medios de comunicación, es de apenas hace unos días, en donde la OCDE indica que la robotización hará que se pierdan casi 66 millones de empleos en la mayoría en sus países miembros en apenas diez años, es decir, uno de cada siete de los trabajos existentes actualmente, de acuerdo con la información que señala Diego Herranz en el periódico digital español Público.
El 14 por ciento de los puestos de trabajo se puede catalogar como “altamente automatizables” y 32 por ciento de sus mercados de trabajo se verá sometido a cambios considerables.
El afamado Massachusetts Institute of Technology (MIT) indica que un robot sustituye en promedio a seis puestos de trabajo y lo más grave es que provoca que los salarios bajen 25 por ciento. También señala que se espera pasar de dos millones a seis millones de robots en el año 2025. El Banco Mundial estima que 60 por ciento de los puestos laborales se verán afectados de una u otra forma, por lo cual millones de personas podrán quedarse sin empleo.
En un magnífico y profundo estudio del catedrático de Derecho al Trabajo, de la Universidad Carlos III de Madrid, Jesús R. Mercader Uguina, publicado en la prestigiada revista de la Facultad de Derecho de la UNAM, se da cuenta de lo que está pasando.
Escribe el catedrático que la creciente importancia de las técnicas del Big Data, el llamado internet de las cosas y de las nanocosas, así como el tsunami que supone el irrefrenable desarrollo de la robótica, provocarán una auténtica disrupción tecnológica.
Indica que los veloces cambios de la robótica tendrán un gran impacto en unos debilitados mercados de trabajo, marcados por la precariedad laboral y los altos índices de desempleo, mencionando todas las aplicaciones que ya tenemos, como son los drones, los robots asistenciales, médicos y los vehículos autónomos. En este último caso ya hemos leído el desafortunado suceso que causó la muerte de una persona en Estados Unidos por un vehículo autónomo de la empresa Tesla. Además, están los posibles y preocupantes usos futuros con fines policiales y de mantenimiento del orden público.
Ahora sí parece que, contrario a las pasadas revoluciones industriales, en esta 4.0 se puede producir una destrucción masiva de puestos de trabajo. Según el WEF, entre los años 2015 y 2020 la digitalización de la industria puede conllevar a la desaparición de siete millones de puestos de trabajo y tan sólo la creación de 2.1 millones de nuevos empleos.
Al final de su estudio, el catedrático Mercader utiliza la famosa frase del gran poeta y ensayista ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, que textualmente dice “cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas”, e introduce una de las posibles soluciones que yo he mencionado en varios artículos anteriores y es la del Ingreso Ciudadano Universal o Renta Básica Universal, como él le llama, misma que debería dejar de ser una posibilidad y convertirse en una obligación.
Este tema debería pasar a ser uno de los principales en la actual contienda electoral en nuestro país, porque, sin duda, afectará al empleo, en primer lugar de la industria nacional y extranjera que fabrica en México.
