Así no… podemos seguir

Cuando uno analiza las cifras de la distribución del ingreso en este país y se percata de que los más ricos son el uno por ciento de la población, vemos lo injusto de sus comentarios

“Así no”, dicen los que supuestamente representan a los llamados empresarios que antes se les llamaba burgueses, término que con los tiempos cambiantes se ha quedado en el olvido y que, por otro lado, los retrata muy bien.

Nuestra burguesía nacional lleva en el poder económico muchas décadas con la complacencia, en la mayoría de los casos, de los diversos gobiernos, muchos de ellos denominados revolucionarios, pero que a la postre demostraron ser otra cosa.

Hoy, varios de los que están escandalizados por la posibilidad de que llegue a gobernar el candidato de Morena tienen un pasado que sería muy conveniente transparentar, pues resulta que sus fortunas o el impresionante crecimiento de ellas se debe en muchos casos a “acciones” y “favores” de los diferentes gobiernos, como han sido las concesiones, las privatizaciones, las devoluciones de impuestos o las licitaciones “a modo”.

Por supuesto que estos personajes quieren que las cosas no cambien o que tan sólo se les dé una lavada de cara para seguir apropiándose de la riqueza que producen sus empleados y obreros y que, por supuesto, no se hable de reforma fiscal.

Cuando uno analiza las cifras de la distribución del ingreso en este país y se percata de que ellos, los más ricos, son el uno por ciento de la población, es decir, no llegan ni al millón y medio de habitantes de los 128 millones que ya somos, y controlan más del 20 por ciento de la riqueza nacional, vemos lo injusto de sus comentarios, y en ellos, la urgente necesidad que tienen de que, como en la muy conocida novela italiana El gatopardo, cambiemos todo para que nada cambie.

En estos días se han dado a conocer una multiplicidad de datos sobre la situación real de los mexicanos, mismos que deberían ser el verdadero motivo de preocupación de los empresarios, si fueran conscientes.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) acaba de informar que, de acuerdo con sus investigaciones, en México llevamos como mínimo 25 años sin mejora del ingreso y que dentro de la distribución del mismo, la población que se encuentra en los deciles más altos concentra más del 80 por ciento del ingreso, mientras que la población de menores recursos tiene menos del 10 por ciento del ingreso.

Según los datos, en 2016 se encontraban en situación de pobreza cerca de 54 millones de personas, de las cuales casi 9.5 millones se encuentran en situación de pobreza extrema; es decir, cerca de la mitad de la población está en pobreza, y eso que no sabemos todavía los resultados de 2017, pero con la inflación que hubo sin duda los datos arrojarán un mayor número de mexicanos en condiciones lamentables.

El representante en México del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) declaró, en esta semana que termina, que 21 millones de niños y adolescentes, es decir, uno de cada dos, está en situación de pobreza y que 12 millones de niños de entre cero y cinco años de edad tienen el menor nivel de desarrollo humano entre la población infantil, y se sabe que el 78 por ciento de la población indígena está en situación de pobreza siendo, y para no variar son las mujeres quienes más lo sufren, el 85 por ciento de ellas.

Estos datos, aunados a la violencia generalizada e incontrolable en el país, deberían ser los verdaderos “así no” de los empresarios, quienes con sus acciones demuestran estar más preocupados por su riqueza que por el país, y por aparecer todas las semanas fotografiados en las revistas de sociales de los periódicos atendiendo alguna gala, por supuesto con champán y bocadillos, en favor de alguna asociación de ayuda a los pobres, con el consiguiente recibo deducible de impuestos. Hasta allí llega su preocupación.

Efectivamente, así no puede seguir el país, con una concentración del ingreso en tan pocas manos con jugosos contratos públicos y, por el otro lado, con más de 50 millones de mexicanos que no tienen nada en términos reales.

Por eso es que la población está reaccionando como puede, ya sea con enojo, hartazgo, vísceras y razón.

Temas: