Seriedad en las propuestas

Respecto del Ingreso Ciudadano Universal, es importante su implantación por etapas, lo cual permite financiarla con mayor seguridad, porque, sin duda, se requieren recursos adicionales.
 

Es verdaderamente sorprendente para aquéllos que llevamos ya varios años en la defensa de la propuesta de un Ingreso Ciudadano Universal (ICU), Renta Básica, o como lo quieran denominar los que hoy aparecen mencionándola, la importancia que actualmente se le está dando.

Habría que aclarar que dicha idea no es nueva y lleva varios años de estarse promoviendo en México; incluso, en el Congreso de la Unión hay varios proyectos de ley sobre el tema congelados desde hace años. En julio de 2007, el diputado Isidro Pedraza y varios más del PRD propusieron el “Derecho al Ingreso Ciudadano Universal”; en abril de 2015, el senador Luis Sánchez Jiménez, del PRD, propuso el “Derecho al Ingreso Básico Ciudadano” y, por último, en septiembre de este año, la diputada Araceli Damián González, de Morena, propuso el “Derecho al Ingreso Ciudadano Universal”.

Asimismo, recientemente vino a la presentación de su libro en español quien podríamos considerar como uno de los pilares del tema a nivel mundial, el investigador Philippe van Parijs. Su libro denominado Ingreso Básico, publicado por la editorial Grano de Sal, menciona en la portada que es “una propuesta radical para una sociedad libre y una economía sensata”.

Adicionalmente, la Cepal ha iniciado una discusión e investigación sobre el tema; en ella han participado diversos académicos e intelectuales y, seguramente, a uno de ellos se le ocurrió como asunto llamativo y electoral y es quien se lo sugirió al candidato del Frente, porque nunca habíamos escuchado alguna opinión al respecto de algún miembro del PAN.

Como es natural, la propuesta de los tres partidos del Frente ha provocado muchos comentarios, sobre todo porque no se ha profundizado en la explicación de cómo lo piensan implementar, más allá de evitar el despilfarro en los programas sociales, es decir, el tema recurrente de Morena.

Las críticas no se han hecho esperar, tanto de comentaristas independientes, como de aquéllos ligados a algún partido político. Que es un fraude, que es demagogia, que es regalar el dinero a lo absurdo, que no va alcanzar el presupuesto para hacerlo, etcétera.

Lo preocupante del tema, que es muy grave por las consecuencias que conlleva, es que al final se quede en la discusión de las campañas y no se llegue a nada. Por eso es que hay que llamar a los involucrados a tomar esta propuesta con seriedad, más allá de los fuegos artificiales para atraer votos.

Si nos atenemos a las declaraciones y documentos que se han mencionado, escrito y propuesto, el ICU ya podría ser aprobado en el Congreso, tomando en cuenta que el PAN, PRD, Movimiento Ciudadano y Morena, en lo fundamental, están a favor y lo único que falta es ponerse de acuerdo en su financiamiento, en el que, sin duda, es necesario el recorte de miles de programas de combate a la pobreza vigentes (no todos), y también hay que reconocer que es necesaria una reforma fiscal que sea más progresiva para garantizar su establecimiento.

Lo importante, como varios hemos dicho y como se incluye en la última propuesta de la diputada Damián del pasado septiembre, es su implantación por etapas, lo cual permite financiarla con mayor seguridad, porque, sin duda, se requieren recursos adicionales. Es mentira que se pueda financiar tan sólo eliminando programas sociales, no alcanza.

El ICU lleva varios años de discusión en el mundo y, tal como hemos visto, también en México, pero ya se ha implementado de manera piloto en algunos países. Así deberíamos empezar aquí, primero para aquéllos que más lo necesitan, como son la población mayor de 65 años, tanto rural como urbana, y seguir en un horizonte de cuando menos 20 años para que lo reciba de manera efectiva toda la población.

Lo que es verdad es que sin el ICU, la pobreza y la desigualdad se incrementarán, con un crecimiento económico tan débil y con la eliminación de puestos de trabajo ya no necesarios, debido a la automatización. El Estado tiene como obligación proteger los derechos humanos y la subsistencia es el primero de ellos. Sin él, los demás no se pueden disfrutar.

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