CDMX: desborda la violencia
Al igual que en una veintena más de localidades específicas de la República –Cuernavaca en Morelos es noticia hoy como antes lo fue Minatitlán en Veracruz–, la violencia e inseguridad desbordaron ya a las autoridades de la Ciudad de México que, con inexplicable ...

Enrique Aranda
De naturaleza política
Al igual que en una veintena más de localidades específicas de la República –Cuernavaca en Morelos es noticia hoy como antes lo fue Minatitlán en Veracruz–, la violencia e inseguridad desbordaron ya a las autoridades de la Ciudad de México que, con inexplicable tozudez, insisten en negar lo que está a la vista de propios y extraños: el asentamiento aquí de grupos del crimen organizado y/o la pérdida de control del problema.
Prácticamente medio año después de asumir el poder en la capital del país, cifras oficiales reflejan una realidad que nadie desea y ante la cual, tras el fracaso –“en éste y otros rubros”– del gobierno del cuestionadísimo no perredista Miguel Ángel Mancera Espinosa, la administración (de la 4T) ¿líder? Claudia Sheinbaum Pardo no parece tener más respuesta que, literal, levantar los hombros o, al más puro estilo de lo que ocurre a nivel federal, seguir responsabilizando a sus antecesores de lo que aquí sucede.
Al cierre de marzo pasado, efectivamente, cifras oficiales dadas a conocer por el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Justicia Penal dejan ver que, respecto del promedio enero-noviembre de 2018, el robo con violencia a negocios (136%), en vía pública (103%), con violencia a conductores particulares (159%) o a transportistas (137%) habían experimentado a un incremento superior a 100% lo que, en el mejor de los casos, exhibe la incapacidad y/o inexperiencia de quienes, hoy por hoy, encabezan el esfuerzo por devolver la tranquilidad a los casi 9 millones de capitalinos, algo más de 20 si consideramos a los habitantes de la zona conurbada.
Ello, para no insistir en el incontenible avance de delitos como el homicidio doloso, que lo hizo en 46% respecto del periodo señalado al pasar de 114 a 166 el número de casos denunciados, el secuestro que lo hizo en 114% –de 3.3 a 7 casos– o, particularmente grave, la incidencia de violaciones que reportó un alza de 137%.
Evidencia clara ésta, pues, de incapacidad y/o inexperiencia de los mandos a cargo de la situación –Jesús Orta Martínez en Seguridad Ciudadana y Bernardo Gómez del Campo en la Policía de Investigación en concreto– pero, también, de liderazgo a nivel gobierno y la necesaria coordinación con otras instancias, la Procuraduría General de Justicia de la cuestionada Ernestina Godoy Ramos, por ejemplo, para responder ya no sólo al reclamo ciudadano sino, esencialmente, para devolver a la capital niveles mínimos de seguridad y paz social.
Es verdad que la situación no es en forma alguna ni sencilla ni su solución inmediata, pero también lo es que el rebase de la autoridad en un renglón tan sensible como éste es, en verdad, preocupante.
ASTERISCOS
* Y por si algo hiciera falta: en Salamanca, Guanajuato ayer, un comando armado asesinó a Gilberto Muñoz Mosqueda, quien por 43 años lideró del sindicato de la industria petroquímica y carboquímica y ahora, con 80 años cumplidos, manejaba una camioneta en su ciudad natal.
* En busca de la certificación del proyecto “Juárez Iluminado”, el reelecto alcalde Armando Cabada Alvídrez se reunió este fin de semana con técnicos y directivos de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee), que recibieron con buen ánimo su propuesta. Al tiempo.
Veámonos aquí mañana, con otro asunto De naturaleza política.