Apocalípticos Chuchos…

Comienza a evidenciarse en el encarte y/o descarte de potenciales candidatos, dos Chuchos jóvenes...

Enrique Aranda

Enrique Aranda

De naturaleza política

Ayer, finalmente, el futuro alcanzó al grupo (original) de comando de Los Chuchos, la impresentable tribu que, tras siete años escasos de hacerse del control de la estructura directiva del Partido de la Revolución Democrática (PRD), sumió a la otrora organización insignia de las izquierdas, a obtener el más pobre resultado electoral de su historia.

En tan sólo siete años, entre mayo de 2008 y junio pasado para ser exactos, tiempo en que los cuatro líderes “históricos” de la llamada Nueva Izquierda se turnaron la dirigencia nacional perredista, el sol azteca no sólo perdió a sus figuras más representativas, la totalidad de sus fundadores más emblemáticos —Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Efigenia Martínez, por sólo mencionar algunos— sino que, incluso, dejó de ser el referente fundamental para amplios sectores de la población (capitalina en particular) que, al margen de otras consideraciones, aprovecharon la coyuntura de las pasadas elecciones federales intermedias para trazar y comenzar a avanzar en la ruta hacia su relevo por el Movimiento Regeneración Nacional que, huelga recordar, lidera otro de sus originales impulsores y expresidente, Andrés Manuel López Obrador.

A consecuencia del paso por la presidencia partidista de Guadalupe Acosta Naranjo, Jesús Ortega Martínez,

Jesús Zambrano y, ahora, del saliente Carlos Navarrete, efectivamente, el perredismo vivió un paulatino y cada vez más evidente deterioro que, ya ayer, fue reconocido de manera explícita por la práctica totalidad de sus liderazgos emergentes que, sin un solo voto en contra, validaron la propuesta que “de manera voluntaria” (?) sometió a su consideración el dirigente en turno, para renovar a la totalidad del comité encabezado por él y, en octubre, de manera adelantada a los tiempos oficiales, elegir a un nuevo líder.

Una nueva dirigencia se elegirá apenas pase el llamado mes patrio que, por mandato del Consejo Nacional perredista, deberá asumir como su primer reto y tarea, el avanzar hacia la reestructura, reorganización y renovación de ser y quehacer partidista que, en opinión de algunos, tendrá en la acción de la misma, “la que bien podría ser la última oportunidad para evitar su muerte…o al menos posponerla”, en tanto se resuelven los temas centrales que hoy mantienen divididas a las izquierdas democráticas y tradicionales del país.

Y ante todo ello, como es obvio suponer, la pugna por el relevo de Navarrete en la conducción del sol azteca, “de lo que queda”, que comienza a evidenciarse en el encarte y/o descarte de potenciales candidatos, dos Chuchos jóvenes al menos: el crítico diputado Fernando Belaunzarán, y la

(derrotada) excandidata a gobernar Guerrero Beatriz Mojica.

Adicionalmente —“corriendo por otra banda”, diría alguno— la sola mención del ahora barbosista Armando Ríos Piter genera esperanza en no pocos, igual que la eventual postulación del también senador Zoé Robledo  o entre los bejaranistas, la opción que para ellos representa, dicen, el mexiquense Omar Ortega.

Antes que los nombres y la definición de condiciones bajo las cuales se elegirá a una nueva dirigencia, vale insistir, los más connotados liderazgos del perredismo —“los representantes de las diversas tribus y quienes ocupan o van a ocupar posiciones de poder”, pues— deberán negociar el rumbo y líneas de acción que marcarán el futuro institucional… lo que no será sencillo.

ASTERISCOS

* No termina de llegar aún a la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional,  por cierto, Manlio Fabio Beltrones salió ya al paso de quienes, desde “algunos ámbitos” de la cúpula gubernamental presumiblemente, pretenden identificar su postulación como una derrota del jefe del Ejecutivo. La relación entre el PRI y el presidente Peña Nieto, en apoyo a su gestión y búsqueda-ofrecimiento de opinión y consejo será, en adelante, intensa y permanente,… refirió el sonorense.

Veámonos aquí mañana, con otro asunto De naturaleza política.

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