Tiempo y contrapeso

El tiempo transcurre rápido, pero la globalización y el desarrollo tecnológico aceleran la percepción de que la existencia es demasiado breve; literalmente se acortó la noción de nuestras vidas. Segundos, horas y días escurren como agua entre las manos. Desde esta ...

El tiempo transcurre rápido, pero la globalización y el desarrollo tecnológico aceleran la percepción de que la existencia es demasiado breve; literalmente se acortó la noción de nuestras vidas.

Segundos, horas y días escurren como agua entre las manos. Desde esta perspectiva, efectivamente, la vida individual es breve. Ya no es necesario envejecer para constatarlo. Ubicado el lugar del planeta Tierra en la vastedad del cosmos hoy es imposible disimularlo. Vivimos muy poquito en proporción a la dimensión del tiempo universal.

Históricamente el registro de los días y las noches ha determinado un orden simbólico y consecuentemente ritual para dimensionar su alcance. Medir el tiempo a partir de la rotación de la Tierra sobre el Sol configuró una perspectiva existencial por ciclos de 365 días que ya es anacrónica ante la perspectiva que la ciencia ofrece.

Por eso es que hoy, más allá de posturas religiosas o filosóficas, la celebración del Año Nuevo necesita replantearse o incluso dejarlo de festejar. Fraccionar el tiempo para medirlo por ciclos tan breves no contribuye precisamente a pensar la existencia individual desde parámetros que la redimensionen y la resignifiquen. Hay que hablar del tiempo pero liberándolo de los ciclos culturales impuestos.

El valor del tiempo radica en el significado que recibe. Al señalar que no existe un reloj central para todo y partiendo de la teoría de la relatividad, el físico Stefan Klein ha subrayado que “el tiempo depende de cómo un observador se mueve respecto de aquello que está viendo”. Sin embargo el tiempo fluye, aunque lo identificamos a partir de los sucesos que le dan sentido. “En un espacio vacío donde no sucede nada -apunta-  el tiempo tampoco importa”.

Por ello necesitamos reconocer cómo es que el tiempo actual, nuestro tiempo, fue sido direccionado hacia propósitos que la economía global impuso y que nos arrebatan la posibilidad de marcarle el ritmo que nuestra conciencia individual requiere. Al estandarizar su medición para que los mercados se sincronicen en los distintos engranajes de productividad, el Horario de Verano configura un buen ejemplo de cómo ha evolucionado el control sobre su conceptualización y los efectos que la economía tiene en el llamado reloj biológico pues, al final de cuentas, es el que nuestro organismo necesita realmente para cumplir sus funciones vitales. Cedemos nuestro ritmo natural en favor del ahorro de energía industrial.

Esta imposición, racionalizada y aceptada, nos ha hecho perder la noción de la existencia. Si nos mantenemos con vida es gracias el diseño natural que nos marca otro ritmo. El tiempo siempre ha fluido pero en nuestra vida está marcado por dos relojes; uno es biológico y el otro cultural. El asunto aquí es que la medición cultural e industrial del tiempo nos encapsula y obliga a existir en un ritmo para el que nuestra naturaleza no nos equipó.

Si la pandemia de Covid-19 ha sido un reto mundial tiene mucho que ver la dinámica de movilidad que el tiempo industrial estableció. Con el arribo del año 2022 el ciclo tóxico va a continuar. No hay forma de romperlo, pero sí es posible capotearlo y ello depende de la capacidad que tengamos para dimensionar nuestras existencias a partir del establecimiento de equilibrios entre el tiempo global y el tiempo orgánico.

Klein propuso hace años algunas reglas que nos permitirían vivir y aprovechar el tiempo de forma alternativa. Esa propuesta establece:

  1. Dominar el tiempo en nuestras actividades diarias, particularmente en lo laboral. Es necesario romper los horarios establecidos para producir y consumir de formas escalonadas, sin tanta rigidez.
  1. Vivir en sintonía con el reloj corporal, lo cual implica identificar nuestros ritmos internos y a partir de ellos desarrollar las actividades productivas o sociales.
  1. Cultivar el tiempo que nos queda libre y romper la tiranía del reloj que decide cuándo podemos disfrutar nuestra existencia; si no lo tenemos hay que crearlo.
  1. Vivir cada instante. Resignificar el aquí y ahora; valorar el tiempo presente, pues la percepción consciente alarga el tiempo.
  1. Aprender a concentrarse. Es necesario planificar la sucesión de nuestras actividades evitando las distracciones exteriores.
  1. Atender nuestras preferencias. Tiene la mayor relevancia elegir aquello que nos resulta prioritario y atenderlo.

Apunta Klein que no podemos escapar al tiempo, pero que “sí está en nuestras manos determinar a qué ritmo pasa para nosotros. A eso le llamo contrapeso.

Referencia

  • Klein, Stefan. “El tiempo”, traducción de Núria Ventosa. Ed. Urano, 2007, Barcelona.

@LuisManuelArell

Temas: