Sida: nos estamos acostumbrando

Todo indica que el VIH/Sida llegó para quedarse. Ya pasaron 36 años de su aparición y los avances científicos lejos están de contribuir a disminuir la vertiginosa transmisión sexual del virus.

Todo indica que el VIH/Sida llegó para quedarse. Ya pasaron 36 años de su aparición y los avances científicos lejos están de contribuir a disminuir la vertiginosa transmisión sexual del virus.

Harta ciencia, muchos congresos, proyectos, discursos, ceremonias oficiales. La forma es la misma. De poco sirve saber que puede controlarse esta infección por el uso sostenido de medicamentos si fallan los mecanismos administrativos para adquirirlos y suministrarlos, mucho menos cuando los pacientes no han aprendido a tomarlos. ¿Vamos a negar todo esto sabiendo que desde 2003 mueren por sida cada año entre 4,500 y 5000 personas?

Por lo anterior, ¿tiene sentido conmemorar el Primero de Diciembre desde la Secretaría de Salud donde no se toman las mejores decisiones para prevenir y controlar la transmisión del VIH? ¿Vale la pena simular que se hace mucho cuando el ISSSTE no logra resolver el desabasto de antirretrovirales? ¿Acaso importa poco que el IMSS acumule el mayor número de quejas en la Comisión Nacional de Derechos Humanos interpuestas por personas con VIH? ¿A nadie le interesa que un número importante de médicos y personal de salud adscritos a los Capasits y las clínicas Condesa trabajen por honorarios, sin prestaciones? ¿Da igual que los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud acaparen las plazas para amistades y familiares?

¿Para qué sirve organizar un evento oficial acrítico, donde llegan a importar más los protocolos que el discurso? ¿Por qué la burocracia que despacha en las oficinas de Lieja cuida tanto la forma y la escenografía en lugar de pensar en un mensaje que trascienda la comodidad así como la verticalidad infranqueable de los mandos médicos?

¿No es hora ya de revisar las estrategias de prevención y asumirlas como asuntos de Estado? ¿Por qué se permite que los laboratorios participen con sus abundantes recursos en la definición de estrategias y en la elección de los esquemas de tratamiento? ¿Por qué ese silencio que parece complicidad de tantas organizaciones sociales?

Habrá quienes miren el vaso medio vacío, pero la verdad es que está llenándose demasiado rápido, desbordándose incluso porque simple y sencillamente el virus se sigue trasmitiendo. Hay diversas formas de evitarlo y una específica es el uso de antirretrovirales como profilaxis pre-exposición. Bien, que se siga esa ruta, pero también hay otra probadas y más baratas como el condón. ¿Por qué no se compran cientos de millones y se distribuyen? ¿De dónde viene ese miedo sistemático a reconocer lo obvio: que toda epidemia de trasmisión sexual se enfrenta hablando de sexo, protegiéndolo? ¿Valores? Eso es lo que falta, pues nada tendría mayor significado moral que las medidas sanitarias libres de prejuicios. ¿Por qué cuesta tanto tomar al “toro por los cuernos”?

Los problemas éticos derivados de la lucha contra el sida fueron contemplados durante la segunda mitad de los años 80 por el filósofo inglés Mark Platts, quien durante sus años radicados en México se interesó por las implicaciones públicas de la epidemia: “el sida conectaba con una frontera que llamaría de moralidad social”, recuerda.

Al reflexionar sobre su experiencia respecto a la forma en que el gobierno mexicano enfrenó la epidemia durante los primeros 20 años, Platts refiere que uno de los problemas éticos liberados por el Sida fue la necesidad imperiosa de “prevenir nuevas infecciones”. En los ensayos donde abordó los usos y abusos de la moral así como las aproximaciones éticas de este síndrome, el pensador europeo reconoció lo que hoy podríamos llamar el derecho a “enojarse moralmente” cuando se deja crecer un problema de salud pública y se permite que sus consecuencias invadan las esferas de los derechos humanos, de la discriminación en todas sus expresiones y se asume un silencio cómplice respecto a la educación sexual.

Seguir conmemorando -como ha vuelto a suceder- de manera oficial la lucha contra el sida entraña irresponsabilidad. Puede entenderse la falta de compromiso e incluso el hastío. Lo que no resulta aceptable es impedir que quienes sí quieren puedan. La respuesta histórica, como advierte Platts, sería menos desagradable si la gente fuera racional y razonable”.

Pero el VIH/Sida no va por esa ruta. Camina hacia su derrota. No tengo duda.

Referencia

  • Lenguaje, mente y moralidad. Ensayos en homenaje a Mark Platts (compilación), Ed. UNAM, 2015, México.

@LuisManuelArell

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