La seducción de Andrés Manuel

Hay que entender la elección presidencial como un proceso social y no sólo como la disputa de cinco individuos por el poder, ya que se ha configurado un electorado emergente bajo principios de individualidad, desideologizado y pragmático. El análisis de encuestas ha ...

Hay que entender la elección presidencial como un proceso social y no sólo como la disputa de cinco individuos por el poder, ya que se ha configurado un electorado emergente bajo principios de individualidad, desideologizado y pragmático.

El análisis de encuestas ha dejado de lado un punto de inflexión ligado a la intención del voto: el agotamiento de los modelos postindustriales que ofrecen mercados de consumo para segmentos reducidos de la sociedad. Además de la corrupción o la inseguridad, la frustración de no poder consumir está jugando un papel central en el escenario final de estos comicios.

Bien lo apunta el sociólogo Gilles Lipovetsky cuando sentencia que "estamos destinados a consumir" así sea de manera distinta dadas las crisis energéticas, ecológicas o de producción. En ese contexto el propósito de construir calidad de vida es irrenunciable, tanto como la exigencia compartida por millones de mexicanos de traspasar la canasta básica y alcanzar los productos ofertados indiscriminadamente en una sociedad de pobres con salario mínimo. Esta es, por cierto, una demanda que cruza horizontalmente nuestro complejo país.

El candidato puntero, Andrés Manuel López Obrador, ofrece respuestas al reclamo de ganar o tener algo más sin perder lo poco que ya se posee. Pero no solo eso, sus mensajes evitan definiciones ideológicas. No es de izquierda, pero tampoco de derecha sino todo lo contrario, ofreciendo lugar para todos.

En esta ecuación reside su atractivo mediático, particularmente cuando las ideologías históricas se han diluido (o están en su sabático) en prácticamente todos los partidos. Bueno, hasta los candidatos independientes se asumen sin doctrina. ¿Por qué López Obrador se tendría que definir dentro del espectro político?

Esa actitud le permite integrar una singular representación de la realidad nacional, que mezcla desde predicadores cristianos, campesinos e indígenas, pequeños comerciantes hasta empresarios, académicos, científicos, liberales y conservadores de trayectoria, feministas, sindicalistas, artistas y líderes gays. Todos caben dentro de esta ensalada política. Lo interesante es que la mayoría está ahí de manera individual.

Más allá de la fuerza desplegada por el aparato de Estado para orientar triunfos electorales e incluso del sufragio corporativo que todavía existe, las encuestas han revelado en las últimas décadas la configuración de un electorado individual con rostro visible, que puede movilizarse de manera masiva.

Hace falta dar seguimiento a esta dinámica ciudadana, en especial desde 1988 cuando el priismo se dividió y las izquierdas se unificaron en su entorno, en tanto la derecha panista ingresó en la ruta de un pragmatismo imparable que 12 años después le llevaría a conquistar la Presidencia de la República.

Lipovetsky señala que la sociedad contemporánea ya no se puede medir desde el espectro político porque individualizó su capacidad de decidir rompiendo   marcos rígidos y coercitivos. Si bien el ensayista refiere sus anotaciones al ámbito de consumo, éstas pueden emplearse frente a los procesos electorales convertidos en mercado dada la millonaria existencia de spots para vender u ofertar candidatos.

Y es justamente la dinámica de "multiplicar y diversificar la oferta", citada por el ensayista francés, lo que permite al ciudadano en la actual coyuntura, "substituir la sujeción uniforme por la libre elección". En este sentido es que López Obrador se proyecta como un líder "a la carta", donde caben todas las ideologías o ninguna. Un pragmatismo formidable por más vertical que haya sido la construcción pública de su personalidad.

En su discurso, el fundador de Morena ofrece de manera insistente resolver problemas en tiempo presente, algo menos demagógico que lo proyectado por sus adversarios, quienes trasladan al futuro la satisfacción de las demandas populares.

La clave, por ello, está en llenar el vacío que genera no poder consumir. De alguna manera López Obrador lo ha comprendido al recorrer durante años la república, basado en su olfato pero sobre todo comprendiendo que el electorado está dejando de ser corporativo y que los mexicanos quieren dejar de soñar. Una demanda posmoderna que las encuestas recogen sin interpretar.

Ahí está la seducción de Andrés Manuel. Más allá de si gana o no la presidencia, apuesta por ese nuevo electorado, siguiendo un patrón globalizado de movilización.

Referencia

  • Lipovetsky, Gilles. La era del vacío. Traducción de Joan Vinyoli y Michele Pendax. Ed. Anagrama, 2003, Barcelona.

@LuisManuelArell

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