Indígenas: la otra visión

Reivindicando su ascendencia indígena y con abundantes argumentos, desde hace años se manifiesta una nueva generación de mexicanos dispuestos a recuperar la dignidad y la voz de los pueblos originarios. Este movimiento dirige una agenda que pone énfasis en la lucha ...

Reivindicando su ascendencia indígena y con abundantes argumentos, desde hace años se manifiesta una nueva generación de mexicanos dispuestos a recuperar la dignidad y la voz de los pueblos originarios.

Este movimiento dirige una agenda que pone énfasis en la lucha contra el racismo y el colonialismo, temas ya posicionados en la opinión pública que, durante décadas, ha perpetuado la discriminación en contra de la población indígena para reconocerla desde una perspectiva humillante, a través de sus usos y costumbres folclóricas. El Consejo Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación tiene documentada esta afrenta.

Es verdad que la mayoría de la población somos mestizos, pero no hay justificación para explicar por qué ha faltado solidaridad hacia las reivindicaciones de los pueblos originarios. Poco hemos aportado para contribuir a quitarles el yugo estructural e ideológico configurado a lo largo de la historia: robo de tierras, usufructo de recursos naturales, explotación laboral, marginación en la salud y exclusión en la educación, así como en el acceso a las nuevas tecnologías.

Con su voz, los jóvenes indígenas quiebran el silencio que estructuralmente ha sepultado las protestas indígenas de las generaciones anteriores, porque esencialmente, la suya es una lucha ideológica. Desde mi perspectiva más interesante que los planteamientos autonómicos del EZLN. A veces de manera precipitada y emotiva, pero otras con sustento académico e incluso con una visión filosófica, jurídica e internacionalista, lo cierto es que se está cuestionando y sacudiendo la concepción asimilada de una derrota histórica tejida desde el dominio y la explotación sistemática en la colonia, después de la colonia y hasta la fecha.

¿Cuál es ahora el punto de inflexión? Que además de romper el silencio, los herederos de la vieja resistencia están ocupando ese vacío que, ciertamente, les pertenece como debería pertenecer a la población mestiza. No obstante, la vehemencia de este movimiento quiere sacudir dogmas y por eso impulsa el revisionismo sobre las formas en que se ha configurado el país, al que definen como Estado plurinacional.

He dado seguimiento discreto -como lector y observador- a esta nueva faceta de la insurgencia indígena, que está usando las tecnologías y los dispositivos móviles para sembrar sus reivindicaciones y organizar debates desde parámetros plurales y horizontales porque se están moviendo con distintas agendas en diferentes regiones, que incluyen la perspectiva de género.

He releído las relaciones indígenas de la conquista seleccionadas por Miguel León Portilla y editadas en 1959 bajo el título “Visión de los vencidos” con el propósito de encontrar alguna relación con los planteamientos ya señalados de quienes se saben herederos de los pueblos originarios. No encuentro relación. Seguramente existe dentro de la elipsis del tiempo transcurrido, empero, la lectura que consigna la derrota de un imperio por parte de otro imperio extracontinental de ninguna manera es el eje del revisionismo impulsado.

La nueva generación está configurando una visión distinta -hasta donde alcanzo a percibir- respecto a ese momento que estancó la narrativa antropológica al dar por sentado que como nación mestiza el camino de los pueblos originarios tendría que ser su desaparición, lo cual ya sucedido no solo con sus lenguas sino con muchos de sus conocimientos. Yo mismo así lo supuse al revisar la perspectiva que en 1975 llevó al ensayista Gabriel Zaid a asegurar que “los indios después de 1521 no han sido ni volverán a ser nadie. No aceptar esto es imponerles una forma de coloniaje disfrazada de admiración. Son ellos los que tienen el derecho de convertirse en mexicanos, no nosotros los que tenemos el derecho de usarlos como una ‘reserva’ cultural, en la cual los tendríamos encerrados para exhibición turística a título de padres de la mexicanidad”.

El ensayo de Zaid en donde plantea esta reflexión buscaba sustentar el valor del componente hispano en nuestra cultura quitando todo romanticismo respecto de los pueblos mesoamericanos que también fueron conquistadores y dominaron a otros pueblos originarios. En este sentido comparte premisas con León Portilla quien comenta cómo es que “la riqueza y el poderío militar y económico de México-Tenochtitlan eran consecuencia de las conquistas realizadas desde los tiempos del rey Itzcóatl (1428-1440 d. de C.)”.   

El nuevo activismo no pretende exorcizar el español sino incorporar las lenguas indígenas así como los distintos componentes que reconozcan la entidad plurinacional que en realidad es México, configurada por decenas de pueblos originarios, así como migrantes europeos, africanos y latinoamericanos. Hay que revisar y adecuar los fundamentos que le dieron forma a nuestro país, pero primero es indispensable escuchar a los que están recuperando las voces de sus ancestros.

Referencias

  • León Portilla, Miguel. “Visión de los vencidos”, ed. UNAM, 1982, México.
  • Zaid, Gabriel. “Problemas de una cultura matriotera”, en Cómo leer en bicicleta. Ed. SEP/Joaquín Mortiz. 1986.
  • Pueblos indígenas, ficha temática. CONAPRED, s/f.

https://www.conapred.org.mx/userfiles/files/Ficha%20Pindingenas.pdf 

@LuisManuelArell

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