El Vaticano: pederastia, encubrimiento y perdón
El poder con mayúscula ha estado vinculado históricamente a la jerarquía católica. ¿Qué hace el clero con esa fuerza? Con frecuencia destruye. En lugar de ponerla al servicio de su pastoral evangélica, abusa de esa condición en varios frentes particularmente el ...
El poder —con mayúscula— ha estado vinculado históricamente a la jerarquía católica. ¿Qué hace el clero con esa fuerza? Con frecuencia destruye. En lugar de ponerla al servicio de su pastoral evangélica, abusa de esa condición en varios frentes particularmente el sexual.
A través de los siglos la curia romana desarrolló un patrón mental por el cual asume que la abstinencia le da autoridad para dictar al resto de la población pautas y valores sobre el comportamiento sexual. De esta manera, la exaltación de la virginidad o del celibato se constituye en expresión de superioridad moral sobre quienes no pueden controlar "sus impulsos" animales.
Desde esta posición el clero atribuye a la sexualidad fines de procreación dentro del matrimonio y la separa del placer. La amplia gama de expresiones erótico-afectivas, genitales e incluso de género le parecen pecaminosas, las condena y prohíbe. El poder acumulado durante centurias le permite Vaticano dictar directrices sobre sexualidad a gran parte de la humanidad. Rigor que desaparece al interior de sus estructuras de gobierno, en sus prelaturas, congregaciones, seminarios y conventos. Está documentada la vida sexual de curas y obispos e incluso cardenales, quienes no se aplican estos principios.
En esta oscura realidad destaca el abuso sexual que muchos curas y también jerarcas cometen en contra de menores de edad. Denunciada durante décadas, la pederastia clerical ha sido negada o encubierta, pero la creciente presión ha generado que el clero reconozca esos abusos y los enfrente.
Hace meses, la soberbia del clericalismo conservador hizo cometer un escandaloso error al Papa Francisco, quien negó las acusaciones de encubrimiento de pederastas contra el obispo chileno Juan Barros, señalado de haber solapado y negado durante muchos años los abusos del padre Fernando Karadima en contra de adolescentes y jóvenes de familias de buena posición social en la ciudad de Santiago. El pasado 19 de enero, durante su accidentada visita a Chile, el pontífice defendió la presencia presencia del obispo Barros en su comitiva: "el día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. Es todo una calumnia, ¿está claro?", dijo exaltado.
Van datos de contexto. En marzo de 2015, Francisco nombró obispo a Juan Barros sin reconocer la molestia de la sociedad católica chilena. Al mes siguiente, de acuerdo a un despacho de la agencia AP, una de las víctimas entregó al cardenal Sean O’Malley una carta dirigida al pontífice describiendo la complicidad del nuevo obispo, que no tuvo respuesta. Al mes siguiente, en el Vaticano, el Papa aceptó conversar con chilenos que de nueva cuenta denunciaban la complicidad de Barros y les dijo: "piensen con la cabeza y no se dejen llevar de las narices por todos los zurdos, que son los que armaron la cosa". (existe en YouTube un video con el regaño del jerarca).
Al regresar al Vaticano de la visita a Chile, Francisco envió al arzobispo Charles J. Scicluna a investigar. Es el mismo prelado que en 2010 indagó otro escándalo de pederastia por parte del sacerdote mexicano y fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Con facilidad el enviado papal documentó la realidad que el pontífice no quería ver o que sus colaboradores no le dejaban conocer. En abril el Papa envió una carta a los obispos chilenos admitiendo haber incurrido "en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada". Ese ofrecimiento de perdón se extendió semanas después a tres de las víctimas del padre Karadima, invitados por Francisco al Vaticano a quienes recibió en privado. Hace semanas viajeron los obispos chilenos a Roma y presentaron la renuncia colectiva a sus cargos, mismos que al momento Francisco no ha resuelto. ¿Qué sucedió? Mucha evidencia fragmentó otro dogma católico.
La psicóloga clínica Mary Gail Frawley-O’Dea ha documentado la experiencia del abuso sexual en la iglesia católica norteamericana. Su investigación permite comprender que la pederastia se convirtió en elemento estructural dentro del clero. Publicado en 2007 su libro es contundente: dice que a través de los Papas Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI (Francisco tomó posesión de ese cargo en 2013) la iglesia desdeñó las experiencias vivenciales de millones de hombres y mujeres a fin de preservar una agonizante teología de la sexualidad.
Como puede percibirse, evidenciar la sexualidad oculta del clero, sobre todo la pederastia y la complicidad de la jerarquía, es lo que permitirá modificar el control dogmático y nada científico que tiene sobre el sexo. La agenda es amplia, incluye al género, la diversidad sexual, la autonomía para decidir sobre el cuerpo, las preferencias y la reivindicación del placer. Ya va en camino.
Referencia
- Frawley-O’Dea, Mary Gail, La perversión del poder. Abuso sexual dentro de la Iglesia Católica, traducción de Silvia Espinosa de los Monteros. Ed. Lectorum, 2008, México.
