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Invasión novelística de Francia

En la oferta hay para todos los gustos y la competencia es feroz entre las editoriales

Cada año, por septiembre, hierven las librerías francesas de novedades de todo tipo, y en especial novelas que, como en las justas hípicas, salen a competir por los más prestigiosos premios locales, el Goncourt, Renaudot, Fémina, Interallié, Médicis extranjero, y tantos otros de menor prestigio. En esta ocasión 589 novelas salen a la palestra, lo que muestra la vitalidad de este género, porque, si pensamos en todas las obras rechazadas por los editores, la cifra de historias escritas que se quedan en las gavetas de los frustrados autores sería de miles, sin contar los libros de relatos o la literatura infantil.

Esto sólo se refiere a la ficción, porque a esas cifras impresionantes debe agregarse la publicación de ensayos, libros de historia, economía, sicología, lingüística, política, ciencia, memorias, autoayuda y muchos géneros más.

Las clasificaciones de la gigantesca producción novelística francesa se divide en varias temáticas dominantes clasificables: primero, libros generacionales, donde los autores, por lo regular cuarentonas o cincuentones que comienzan a encanecer, cuentan los sucesos ocurridos a un grupo de amigos en su tiempo de juventud, vicio y desastre, campo en el que se destaca la terrible Virginie Despentes con su serie punk Vernon Subutex; segundo, libros donde el escritor, hombre o mujer atormentados por tragedias personales, se desnuda ante el lector y trata, con ayuda del sicoanalista o un confidente, de comprender su caída o renacimiento de las cenizas. En primera fila están Christine Angot y Simon Liberati con Un amor imposible y Eva, respectivamente.

El tercer grupo es el del relato de los mundos perdidos de la infancia, donde el autor idealiza o desacraliza el rastro onírico de la niñez, en alguna provincia típica del país, o en la errancia, si pertenece a una etnia perseguida o a una familia de diplomáticos. El cuarto sector sería una visión histórica de la familia, donde se relata al estilo de Cien años de soledad, la saga de una o varias generaciones con su catálogo de bisabuelos, abuelas, tíos, primos, pertenecientes a la rancia aristocracia decadente o a la burguesía, clases bajas o medias, campesinado, servidumbre o proletariado fabril.

Se agrega una quinta sección en la que se incluyen novelas que relatan la vida del personaje en algún lejano país de África, Asia, Oriente Medio, América o en capitales gigantescas o tribus o pueblos extraños como los inuit o los mongoles, libros que hacen viajar al lector sin necesidad de tomar el avión y cargar las maletas o padecer ébola o dengue.

El sexto criterio de selección sería la novelística de la realidad, que se refiere a fenómenos actuales, con un ángulo más sociológico o etnológico o a los dramas y guerras desde un ángulo específico, en Argelia, Irak, Siria, el campo local o la vida de los suburbios pobres poblados por descendientes de inmigrantes. Y para terminar, figurarían otros grupos en esta taxonomía, como la novela erótica, cada vez más solicitada; la histórica, basada en una minuciosa investigación y reescritura de lo ya conocido; la fantasía tipo Harry Potter, y los diversos géneros policiacos o negros encabezados por Millenium u otras sagas nórdicas, industrializadas por editores codiciosos.

En la oferta hay para todos los gustos y la competencia es agitada y feroz entre las editoriales, por lo regular adscritas a grandes grupos con posiciones en los medios, necesarios para difundir novedades e influir en las portadas o primeras planas de los medios escritos, en la radio y la TV masivas. En estos tiempos dominan las novelas donde el autor cuenta su tragedia personal de manera descarnada, en historias que frisan con el escándalo y la sordidez. Tal es es caso de Simon Liberati con su libro Eva, donde cuenta la terrible historia de Eva Ionesco, la lolita que en los años 70 era fotografiada miles de veces desnuda por su malvada madre fotógrafa, que vendía su producto a revistas o particulares.

Liberati, atormentado personaje punk, conoció a la niña viciosa en las discotecas de moda, pero tras vivir sumido en la droga se encontró ya viejo con ella y decidieron vivir juntos para recuperarse del desastre mutuo. El libro es el relato de ese amor improbable y la pareja aparece hoy en todos los suplementos literarios y revistas, por lo que es de agurarse un gran éxito de ventas. A esta historia de escándalo sobre la explotación infantil se agrega Un amor imposible, otra aún más truculenta novela de la terrible Christine Angot, hija natural de una mujer modesta de provincia que se enamoró de un malvado burgués, que no sólo se negó a reconocer a su hija sino que la convirtió desde la adolescencia en su amante, en un cruel incesto con que aplastó dos veces a la mujer enamorada con la prepotencia que le daba la impunidad de clase. Este libro es un homenaje de la hija escritora a la pobre madre humillada, que ahora tiene 83 años.

Los escandalosos libros de Angot relatan las historias sexuales de su atormentada vida, donde el varón aparece como un horrendo lobo perverso, narcisista y falocrático. Varios de sus amantes, banqueros viejos, actores, músicos, escritores o esposas de los mismos, la han demandado públicamente por revelar esas vidas privadas, analizadas con talento por esta autora que diseca el malestar urbano. Ya es finalista para el premio Goncourt. He mencionado estas dos novelas como las más comentadas en esta temporada literaria de 2015, pero tras ellas se encuentran casi 600 más.

Destaco el sector de novelas extranjeras; los más buscados son autores anglófonos, nórdicos, africanos, asiáticos o israelíes. Hoy la literatura latinoamericana, que en el siglo pasado fue dominante, ya no interesa a casi nadie entre los lectores de este país, que sigue siendo una excepción literaria en el mundo. Sólo basta ir en Metro o mirar en los cafés para ver que este es, de verdad, un gran país de lectores.

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