Gobiernos salientes: lo bueno, lo malo y lo regular

El voto es importante. Es el instrumento con que cuenta el ciudadano para influir en su entorno, para apoyar políticas públicas que lo beneficien. También para premiar o castigar a administraciones que concluyen.

México Evalúa tiene como objetivo ofrecer evidencia para mejorar la política pública y sus resultados, pero también, y esto es central, brindar al ciudadano información que ayude a formar un criterio sobre el desempeño de sus gobiernos, para que en un ejercicio retrospectivo, premien o castiguen a las administraciones que concluyen. El próximo 5 de junio millones de mexicanos tomarán una decisión que afectará su vida. Por eso es tan importante que lo hagan de manera informada.

Con esta consideración en mente, en México Evalúa elaboramos lo que llamamos fichas electorales, una especie de scorecard con indicadores seleccionados. Las dividimos en dos partes. Una primera contiene información sobre el nivel de competencia electoral en cada entidad y sus municipios. En una segunda parte, hacemos una selección de indicadores en los temas que trabajamos: seguridad, justicia, finanzas públicas, transparencia y corrupción. Estas fichas, para las 12 entidades en contienda, se pueden encontrar en la página

www.mexicoevalua.org.

En este espacio me concentraré en reportar lo que llamó más nuestra atención.

En primer término, que la competencia electoral es muy dispar en el país. Tenemos entidades con competencia vibrante (Aguascalientes, de manera sobresaliente) y otras que conservan la presencia de un partido hegemónico (Tamaulipas, Durango, Quintana Roo, Veracruz). Nuestro trabajo de análisis no se propuso establecer relaciones de causalidad, sólo ofrecer indicadores a un nivel descriptivo. Pero resultó inevitable hacer una conexión entre el grado de desarrollo político y las circunstancias que privan en cada entidad. Y sí, resultó que aquellas más rezagadas en términos de competencia electoral son también las que presentan bajo desempeño en los ámbitos analizados. Lo contrario parece también ser cierto.

Tamaulipas es el estado más rezagado en materia de competencia electoral. En nuestro índice apenas araña la calificación de 1, en una escala de 0 a 5. Y el desempeño de su gobierno es deficiente, por decir lo menos. Un solo indicador habla por todos los analizados: 90 por ciento de los tamaulipecos vive con miedo. Si esto tan íntimo, pero también tan trascendente para el bienestar no es resuelto, lo demás sale sobrando.

En este mismo grupo de estados se encuentra Veracruz. Hoy en la boca de todos, por las peores razones posibles. En los indicadores analizados sobresale una fuerte caída en la percepción de seguridad de su población, sólo 17% de los veracruzanos se siente seguro. Y sus finanzas públicas se encuentran en zona de riesgo: el porcentaje de deuda respecto de las participaciones que recibe superan ya el 100%. Es justo decir que mejora ligeramente la confianza en sus policías y logra reducir los homicidios dolosos, aunque se registra un repunte en 2015.

Quintana Roo, también en este grupo, está colocado entre las primeras cinco entidades con más actos y víctimas de corrupción, según la Encuesta de Impacto Gubernamental (EIG 2013) del Inegi. No es un resultado desatinado si consideramos la opacidad en las compras gubernamentales, uno de nuestros indicadores seleccionados. Sus finanzas públicas son endebles: la deuda per cápita es alta y el porcentaje de ésta respecto de los ingresos que recibe vía participaciones es casi del 300%. No parece que el destino de esta deuda se haya canalizado a inversión productiva. En 2015, ésta representaba, apenas, 7 por ciento del gasto total.

Pero si damos vuelta a la hoja encontramos otras realidades, promisorias, destacadas. Aguascalientes es una de ellas. Ésta es una entidad con intensa competencia electoral y con indicadores sobresalientes en distintos rubros. Su gente, en su mayoría, se siente segura. La confianza en las instituciones de seguridad crece. Sus penales son de los mejores calificados en el país y ha mantenido la violencia letal en niveles muy bajos (tres por cada cien mil habitantes). El manejo de su deuda es responsable y se coloca en los mejores lugares respecto de los indicadores de corrupción.

Chihuahua presenta claroscuros, pero hay que reconocerle al gobernador saliente avances sustantivos en materia de seguridad. Detuvo la espiral de violencia cuyo pico superó la tasa de 100 homicidios por cada cien mil habitantes y logró colocarla en 25 en 2015. Una hazaña, desde cualquier perspectiva.

El voto es importante. Es el momento de la evaluación retrospectiva. Usémoslo para premiar o castigar a los gobiernos salientes. También para favorecer la competencia electoral. Ésta es nuestra oportunidad.

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