Gasto sin retorno

No resto méritos al esfuerzo del gobierno federal por ordenar el gasto público. El paquete presupuestal que presentó hace algunas semanas refleja un esfuerzo de ajuste ante las nuevas realidades de nuestras finanzas públicas, marcadas principalmente por la reducción de los ingresos petroleros. Sin embargo, a este esfuerzo le falta “esencia”, la definición de un eje o hilo conductor que guíe la reordenación del gasto en el país. Esto representa un reto más complejo y más profundo que el mero ejercicio de recortar.

Implica definir qué queremos construir usando este instrumento clave del Estado mexicano. Qué destino le damos a ese esfuerzo colectivo y mayúsculo que implica el pago de impuestos.

Necesitamos definir ese eje rector. Sin él, el gasto se presupuesta y ejerce de manera inercial, sin brújula clara. Se pierden los objetivos y se fragmentan los esfuerzos en cientos de programas presupuestales que subsisten sin que se conozca cabalmente su retorno. Sin que cambien la realidad. Sin un eje rector bien definido, el gasto es más proclive a ser capturado por grupos particulares, a financiar ocurrencias, elefantes blancos o proyectos sin viabilidad. Así, el gasto puede seguir creciendo mientras los mexicanos permanecemos igual.

Los grandes objetivos nacionales, se puede argumentar, están plasmados en los planes de desarrollo que cada seis años se elaboran por mandato de ley. Es obligatorio para cada nueva administración definir los grandes ejes estratégicos que darán orientación y conducción a un proyecto de gobierno (y, por lo tanto, a los destinos del gasto). Esos grandes propósitos, sin embargo, no encuentran una ruta clara para aterrizar en programas concretos, en cada partida presupuestal. De lo agregado (los grandes objetivos) a lo granular (el programa presupuestal) ocurre un extravío de brújula que nos hace perder la dirección. No hay un sentido estratégico en el ejercicio del gasto, sólo la reproducción de inercias. La acumulación de capas que, a lo largo de los años, cubren y esconden la esencia del para qué del gasto gubernamental.

Todos los actores relevantes en el ciclo del gasto reproducen el patrón. No cumplen con su función de control, pero tampoco añaden a una visión estratégica del gasto. El Legislativo, por su naturaleza fragmenta, no integra. La pluralidad de intereses que representa producen una lógica centrífuga. Por eso cuando el Legislativo se insubordinó del Ejecutivo, abrimos la Caja de Pandora. Se fragmentó el poder lo mismo que el ejercicio del gasto. Y este proceso que se dio de manera acelerada una vez que el Presidente y el PRI perdieron el control del Legislativo, no encontró un desarrollo institucional paralelo que permitiera ser un soporte a un gasto con sentido estratégico, ordenado y sobre el cual se rindiera cuentas de manera puntual. Por eso reitero, el tema del gasto trasciende un recorte. Es un tema de estructura e instituciones de Estado. Y también de un consenso o una visión a futuro que permita calibrar cuáles son las prioridades, qué aspectos queremos apuntalar a través de la intervención del Estado y sus políticas públicas.

Frente a una tarea de esa envergadura, el recorte anunciado se queda muy corto. Constituye una respuesta de coyuntura a una severa restricción financiera, pero no un planteamiento de cambio estructural a un problema que lo amerita. La reforma supone una gran complejidad que no puede ser abordada en un ejercicio presupuestal. Por eso, sabíamos que la oferta de un Presupuesto Base Cero no podía ser consumada en esta ronda. En ésta, el gobierno nos ofrece restringirse en el uso de recursos y avanza en la fusión de ciertos programas, pero no hace un planteamiento cabal de reforma al gasto. En esto nos quedó debiendo.

Desde mi perspectiva, todo proyecto de reforma debe comenzar con una pregunta: ¿gastar para qué? Si se define esta esencia, este hilo conductor, el proyecto de reforma puede adquirir forma y fluir. La propuesta de Presupuesto Base Cero cobraría sentido. Tendríamos raseros para discriminar: todo lo que no trabaje a favor de la definición de esencia puede ser recortado, desechado, fusionado, reestructurado. Siempre respondiendo con claridad a un para qué. Y acompañarse de mecanismos de rendición de cuentas para que los desvíos pudieran acotarse o tuvieran consecuencias.

¿Para qué debe servir el gasto público? Cada uno de nosotros quizá tenga una respuesta distinta, pero no dudo que exista una aspiración común: que cada mexicano tenga acceso a una vida digna. Que la trayectoria de vida sea consecuencia de sus propias decisiones y no de las circunstancias en las que le tocó nacer. Si tuviera que elegir por uno de esos ejes estratégicos, una de esas definiciones de esencia, optaría por invertir en los mexicanos, en desarrollar su talento y su potencial.

Twitter: @EdnaJaime

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