Providencia y Chinchachoma
El padre Chinchachoma, que quiere decir “cabeza sin cabello”, es el sobrenombre de Alejandro García Durán Conde de Lara, nacido en Barcelona, España, y quien dedico más de tres décadas de su existencia al propósito de dignificar a niños en situación de calle ...

Daniel Aceves Villagrán
Esencial
El padre Chinchachoma, que quiere decir “cabeza sin cabello”, es el sobrenombre de Alejandro García Durán Conde de Lara, nacido en Barcelona, España, y quien dedico más de tres décadas de su existencia al propósito de dignificar a niños en situación de calle en México para lo que fundó 18 albergues para recibir a aquellos por su condición de vulnerabilidad y casos por adicción a las drogas, dándoles elementos indispensables para su desarrollo psicosocial y afectivo.
Generó métodos donde la reflexión incluía (partir del yo) a la persona se basó en dar un afecto incondicional al niño y hacerlo reflexionar acerca de la vida y su situación personal; publicó diversas obras que integran aspectos religiosos, sociológicos y pedagógicos; desde su perspectiva intentaba interrumpir el ciclo intergeneracional de la pobreza concretizando sobre los problemas sociales y humanos generados por la falta de compromiso social. El padre Chinchachoma fue y es un referente por su visión que aborda palabras altisonantes y fuertes.
Este sacerdote escolapio era un soñador ayudando a niños de la calle, primero en Bogotá, Colombia, y después avecindado en México desplegó una gran capacidad de gestión para lograr que muchas voces, voluntades y sentimientos se sumaran a sus conceptos y a sus objetivos, así generó Hogares Providencia, una Institución de Asistencia Privada (IAP), que desde 1979 se dedica a proteger, salvaguardar y promocionar los derechos de las niñas, niños y jóvenes que por alguna circunstancia de vida han tenido que sobrevivir en las calles, o que están al borde de permanecer en ellas como alternativa de subsistencia.
La institución brinda un hogar con un sistema de puertas abiertas con diferentes servicios, atención y cuidados óptimos para un desarrollo que incluye alimentación, vestido, salud física y mental, así como educación, además de proporcionar acceso a la recreación, cultura y deportes, alinea sus objetivos a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas, con la misión de restituir los derechos básicos que les fueron negados a las niñas, niños y jóvenes de la calle, proporcionando una adecuada nutrición, educación, desarrollo físico y emocional con el propósito de recuperar el valor de las personas.
Hogares Providencia, IAP, reconoce que los valores inculcados en la infancia orientan el compromiso y desarrollo de una persona, determinando sus convicciones, manera de ser y responder frente a sus deseos e impulsos. Los cinco ejes en los que se basan estos valores son el amor, es decir, la aceptación incondicional y el diálogo para todos los que participan en la institución; la dignidad que se traduce como el trato digno e igualitario de todas las personas que forman parte de estos hogares; la fraternidad que es el respeto, apoyo y comprensión, sin exclusión y/o discriminación a persona alguna; la justicia que representa la integridad y honestidad apegadas a los estándares éticos más altos y la libertad, entendida como el ejercicio del comportamiento independiente, respetuoso y comprometido consigo mismo y sus congéneres.
Esta ejemplar historia y realidad es un referente de integración positiva a la sociedad, mediante procesos de formación, orientación y desarrollo humano. Esta semana he tenido el privilegio de compartir la tradicional rosca de Reyes en el hogar San José de Calasanz y al querer dar algo a esta causa se termina recibiendo enseñanzas múltiples de humanismo, compromiso y de pasión por apoyar con transparencia a quienes menos tienen y merecen tener más.