Mi respiración consciente

La historia de vida para mí se divide en dos partes, la primera es desde mi infancia hasta antes de ser mamá, y la segunda parte, donde realmente entré, para mí, en una especie de conexión divina, que comenzó cuando me convertí en mamá, y empecé a abrirme a mucha ...

La historia de vida para mí se divide en dos partes, la primera es desde mi infancia hasta antes de ser mamá, y la segunda parte, donde realmente entré, para mí, en una especie de conexión divina, que comenzó cuando me convertí en mamá, y empecé a abrirme a mucha información que me ha ayudado a hacer cambios esenciales que se han visto reflejados en mi estilo de vida y mi salud. Como ya saben, parte de mi pasión es comunicarme y compartirle a la gente lo que veo que funciona, no es que esté descubriendo el hilo negro, pero sí me apasiona aprender y rescatar esa sabiduría ancestral que hay en el mundo y transmitirla correctamente a las nuevas generaciones.

Una de las prácticas recurrentes en casa desde hace cuatro años es el tema de la meditación.

¿Qué es meditar?

No es poner la mente en blanco, como muchos creemos. Recuerdo que en mis primeros intentos de meditación, me sentí muy frustrada y confundida, pero necesitaba entender qué era lo que esos monjes budistas obtenían de esta práctica.

Empecé visitando un lugar donde se hacían meditaciones grupales, lo único que lograba era tener espacio para respirar profundo y tener más claridad en mis pensamientos, mi mente siempre ha funcionado de manera disparada y sin freno, hasta ese momento no me había dado cuenta de que eso no era normal, pero para mí lo era. Así aprendí a vivir, de prisa y maquinando día y noche. Una especie de mecanismo de sobrevivencia, que me estaba matando, me tenía sin dormir en las noches, agotada y angustiada.

Este proceso de entrarle a la meditada fue sumamente interesante. Cuando le platicaba a un amigo que en mi meditación no había logrado concentrarme, pero sí había logrado organizar todo lo que en mi cerebro estaba como enredado él se reía y me decía: estás perdiendo el tiempo.

Hoy comprendo que la meditación no es cosa fácil, pero es una herramienta que te ayuda a entrenar la mente y bajo ese entrenamiento puedes llegar a un modo de conciencia en donde consigues beneficios maravillosos, como el de darle tiempo y espacio a tu cerebro de descansar y tomar un ritmo más relajado que sí o sí transformará para bien tu vida.

Para mí, el simplemente estar, respirar, dejar que todo suceda sin intentar controlarlo, ya fue un gran paso, mis niveles de ansiedad fueron menguando y por ende me siento más feliz.

Qué sucede cuando meditamos, pues se promueve la relajación, se desarrolla la compasión, el amor, la paciencia, la generosidad y el perdón. Para mí se construye y fortalece una fuerza interna que nos permite aprender a amarnos a nosotros mismos y tener balance interior y ser compasivos con nuestros semejantes. Suena romántico e idílico, pero no lo es, no es algo mágico, es simplemente lo que es.

La meditación también tiene efectos terapéuticos comprobables, definitivamente la salud se ve impactada positivamente, porque ayuda en diferentes situaciones sicológicas, para mí ha sido una gran aliada para alejar a la ansiedad y depresión.

Una gran ventaja de esta “medicina” es que la meditación o respiración consciente puede practicarse en cualquier momento y cualquier lugar, sólo se necesita voluntad.

Al decidirme a experimentar la meditación me di cuenta de que puedo regular mis emociones, y es una forma de buscar el bienestar personal y de mi familia, me ha permitido restringir de forma natural lo que es nocivo para mis propios valores y me ha permitido cultivar con los que más amo, los valores esenciales para el bien vivir. Si tú te transformas, tu mundo se transforma, busca en ti. Respira. Medita.

                Búscame en redes sociales como

                La mamá de Rocco

                o en www.mamaderocco.com

Temas: