El trajín del decidir

Recuerdo que uno de los momentos que más me siguen abrumando, y que sigue sucediendo, es aquel cuando de niña, mi familia se subía al coche el domingo y mi papá hacía la mágica pregunta, “¿a dónde vamos a comer?”. Primero había un silencio sepulcral y después ...

Recuerdo que uno de los momentos que más me siguen abrumando, y que sigue sucediendo, es aquel cuando de niña, mi familia se subía al coche el domingo y mi papá hacía la mágica pregunta, “¿a dónde vamos a comer?”. Primero había un silencio sepulcral y después alguno de mis hermanos hacía una sugerencia y eso se convertía en una absurda lucha de poderes. Éramos seis niños intentando decidir y cada quien tenía sus gustos y momentos. Empezaban las guerras ocultas y complots hasta llegar al chantaje y a veces el llanto de algún integrante de la familia.

Ese momento en familia que más ansiaba terminaba siendo uno de los más agobiantes y que ahora se satiriza porque sigue pasando y a estas alturas del partido, yo me salto ese momento y pido que cuando lleguen a común acuerdo me lo hagan saber para llegar con gusto a verles.

Éste me parece es un retrato típico de una familia clasemediera que a lo largo de los años se ha visto afectada por la variedad de opciones que hay en el mercado. Viviendo en una sociedad consumista con opciones brotando de las alcantarillas, ¿no se supondría debiera de ser más fácil para todos?

Pensé en mi abuela, quizá pisaba los 80 años cuando yo tenía no más de 15, la recuerdo siempre haciendo cosas y tomando decisiones, nunca entendí por qué no paraba y ahora sé por qué mi madre es así y yo soy como soy. En realidad no necesitaba hacer todo lo que hacía. Ella, aunque tenía la vida medianamente resuelta, necesitaba vivir tomando decisiones y fomentaba que eso sucediera. Eso parecía darle sentido a su vida..

Hablando con mamás de niños pequeños, dicen sentirse abrumadas por tanto que decidir, en torno a la maternidad y tantas opciones y corrientes educativas, alimentarias, deportivas, etc., sumando la parte laboral y todo lo que recae en ellas si deciden entrar a un estilo de vida más simple en el que las opciones se reducen a lo más básico. Al final llegamos al consenso de que la simplicidad de dejar a los niños ser niños es para las madres modernas una buena opción, además de disfrutar el momento acompañándolos, guiándolos y estando cerca de ellos.

Yo muchas veces me siento abrumada, entonces procuro minimizar mis opciones en todos los sentidos para sentirme menos ansiosa y ¡bingo!, funciona. Hace unas semanas, frente a un anaquel de supermercado me quedé observando a un chica, estaba frente a los desodorantes y tardó más de 15 minutos tratando de decidir, yo curiosa y observadora como soy, me quedé cerca, hasta que llegó una señora, quien decidida se paró junto a ella y le dijo: “¿cómo ha cambiado todo?, tengo toda la vida usando este desodorante y ahora me cuesta encontrarlo por tantas opciones que hay”. La chica sonrió y preguntó: “¿huele bien?”, la señora asintió y agregó “dura perfecto”, entonces ella lo tomó y caminaron juntas a la caja.

¿Cómo sobrevivir cuerdo en un mundo en donde desde que te levantas tienes que estar decidiendo indefinidamente? Hagamos un recuento, inicia la mañana, ¿me levanto o no me levanto (no todos tienen esa opción, digamos que son pocos y privilegiados)?, ¿hago o no ejercicio?, esto no debería de ser optativo, ¿qué me pongo?, ¿qué desayuno?, y durante el horario laboral habrá que elegir varias veces. Llegada la hora de los sagrados alimentos, tenemos muchas opciones de elegir y, real y tristemente, la mayoría no son óptimas y terminamos eligiendo lo más rápido y económico para seguir este trajín del decidir y seguir el día. Eso, entre tantas cosas más, nos está quitando la salud, a través del estrés y la ansiedad, convirtiendo nuestro entorno en un caos que se refleja en nuestro rendimiento.

Considero que la única forma de lograr subsistir con salud y energía es usando nuestra capacidad cerebral para repensar qué queremos, y priorizar, haciendo un vuelco verdadero en nuestras formas y estilos de vida, cambiar la concepción de bien vivir y bien ser para que nuestros niños crezcan con un esquema de prevención, conciencia y prioridad a lo que realmente lo es: la salud, el respeto y el amor. Te reto a que pruebes un día simplemente observando qué sucede contigo y tu entorno, cómo fluye o no tu día, probablemente esto podría ayudarte a estar más consciente y descansado. Quizá  te empuje a priorizar de una forma distinta. Y a bajarle al abrumador cúmulo de decisiones que tomas cada día. “Aquello que miramos y no podemos ver es lo simple”: Lao Tse

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