¿Qué sigue en Venezuela?
El secuestro de Nicolás Maduro mediante la operación Absolute Resolve, que la prensa calificó de “quirúrgica”, implicó la muerte de, al menos, 100 latinoamericanos; venezolanos, cubanos y colombianos.

Columnista Invitado Nacional
Fadlala Akabani
Enero 3 de 2026, Washington recurrió a su añeja tradición de intervenir naciones latinoamericanas; la más reciente víctima, la República Bolivariana de Venezuela. El secuestro de Nicolás Maduro mediante la operación Absolute Resolve, que la prensa calificó de “quirúrgica”, implicó la muerte de, al menos, 100 latinoamericanos; venezolanos, cubanos y colombianos, presagiando un tiempo oscuro para nuestra región.
Denunciado el mismo sábado 3 de enero por Delcy Rodríguez, aún en su condición de vicepresidenta, el sello sionista es patente en la agresión militar —y la absurda perorata victimista de que el chavismo le robó a Estados Unidos el petróleo venezolano—, pero también en los objetivos de la operación. En el juego suma cero del sistema-mundo, la vulneración a la soberanía de Venezuela supone un golpe indirecto a Irán, principal adversario al Gran Israel, es decir, el plan expansionista del sionismo en Oriente Medio.
Ello explica el entusiasmo y celeridad con que el genocida Benjamin Netanyahu felicitó en X a Donald Trump tras la operación encabezada por la Delta Force. Tampoco se hizo esperar la congratulación de Nathaniel Rothschild, heredero de la familia que financió al sionismo en el siglo XIX e influyó sobre la Corona Británica para apoyar la creación de Israel (1948).
Rothschild & Co fue contratada (2024) por el gobierno de Venezuela para asesorar la reestructura de su deuda pública. El quinto Barón Rothschild, Nathaniel, realmente festeja lo que podría ser su participación en la reintegración del, hasta ahora, 100% soberano Banco Central de Venezuela al sistema bancario global ante el cambio de régimen, aunque su post en X cierre con #VenezuelaLibre.
Hacia la apertura de los mercados el 5 de enero de 2026, Wall Street interpretó la agresión imperial como escenario favorable a las grandes petroleras estadunidenses, las acciones de Chevron (exploración, extracción y refinación) crecieron 5%; Halliburton, dedicada a la prestación de servicios en yacimientos petroleros, alcanzó un crecimiento de hasta 7 por ciento.
Por mera curiosidad, observé los datos de Halliburton Co, cuya acción (HAL.N) pasó de cerrar el 11 de agosto de 2025 en 20 dólares y 50 centavos (una semana antes del despliegue naval del 19 de agosto) a cotizar el 6 de enero de 2026 en 30.88 USD (tres días después del secuestro), un crecimiento de 50.63% en sólo cinco meses. Venezuela podría colapsar hacia la guerra civil, poco importa ése o cualquier otro destino en el New York Stock Market mientras las acciones de las petroleras estadunidenses sigan al alza.
Washington, embriagado de poder; la Casa Blanca postea propaganda que parece publicidad de series y películas de mafiosos, asumiendo la propiedad del hemisferio. Abordo del Air Force One, el 4 de enero y flanqueado por el siniestro sionista Lindsey Graham, Trump sentenció la caída de Cuba y menospreció la capacidad de Dinamarca para proteger Groenlandia, a la que definió como clave para la seguridad del mundo libre. Acusó al presidente Gustavo Petro de traficar cocaína a Estados Unidos; y a pregunta de una reportera sobre la posibilidad de una operación similar en Colombia, el magnate neoyorquino respondió con soberbia: “Sounds good to me!”.
Suscribo la posición conjunta de Brasil, Colombia, Cuba, Chile, España, México y Uruguay en rechazo a la agresión imperialista. Celebro la adición de España, cuyo gobierno mantiene la dignidad frente a la sumisión de gobiernos como los de Manuel Macron y Giorgia Meloni. Reitero mi respaldo irrestricto a la presidenta Claudia Sheinbaum, mi posición soberanista y latinoamericanista.