La prueba termina, el reto apenas comienza
#OpiniónCoparmex

Columnista Invitado Nacional
Lydia Nava Vásquez*
Los resultados de PISA 2025 podrían incomodar a algunos porque ponen números a una realidad que durante mucho tiempo hemos preferido discutir por separado: y es que nuestros jóvenes están aprendiendo menos de lo que necesitan para enfrentar el mundo que les tocará vivir.
México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. En las tres áreas nos encontramos por debajo del promedio de la OCDE (OCDE, PISA 2025).
Pero hay un dato que me parece todavía más importante y que no debemos dejar que se pierda entre las cifras: nuestros jóvenes quieren aprender; 80% de los estudiantes mexicanos de 15 años dijo sentir curiosidad por muchas cosas y 76% afirmó que hace un esfuerzo adicional cuando una tarea se vuelve difícil. Además, sólo 11% considera que la escuela ha sido una pérdida de tiempo, frente a 24% en el promedio de la OCDE (OCDE, PISA 2025).
¿Qué significa esto? El problema de México es que todavía no está consiguiendo convertir esa curiosidad, ese esfuerzo y esas ganas de aprender en conocimientos y habilidades suficientes para enfrentar la vida.
Y esa diferencia es enorme. Una adolescente puede tener curiosidad por entender cómo funciona el mundo, pero necesita encontrar en la escuela las herramientas para plantearse mejores cuestionamientos. Un joven puede estar dispuesto a esforzarse, pero requiere docentes acompañados, contenidos sólidos y condiciones que le permitan aprender. La motivación importa, pero por sí sola no sustituye una educación de calidad.
Por ello resulta inquietante reducir la prueba PISA a una tabla de posiciones entre países o a una discusión política sobre el instrumento. Podemos discutir sus alcances, sus límites y la manera en que deben interpretarse sus resultados. Lo que no podemos hacer es ignorar lo que ocurre con las habilidades básicas que permiten a una persona comprender un texto, interpretar información, resolver un problema o distinguir un hecho de una opinión.
Eso ya es asunto de la vida productiva de México. Las empresas necesitan personas abiertas a aprender continuamente, capaces de resolver problemas, de trabajar con otros, de comunicarse con claridad, de adaptarse a nuevas tecnologías y tomar decisiones con criterio.
En un país que quiere aprovechar las oportunidades de la innovación, la transformación digital, la inteligencia artificial, la integración regional y los cambios en el mundo del trabajo, estas habilidades dejaron de ser deseables para convertirse en indispensables.
La propia OCDE advierte que la tecnología y la inteligencia artificial pueden fortalecer el aprendizaje cuando se utilizan con propósito, pero no pueden sustituir la atención, el esfuerzo ni la comprensión (OCDE, PISA 2025). En México, la solución será aprender a utilizar las nuevas herramientas para fortalecer aquello que ninguna tecnología puede hacer por nosotros: pensar, comprender, cuestionar y aprender.
México tiene algo que no puede desperdiciar: jóvenes curiosos, perseverantes y ávidos de aprender.
A nosotros nos corresponde hacer nuestra parte. La educación tiene que ser una prioridad permanente para las autoridades, las familias, las comunidades, los docentes y también para las empresas.
Porque cuando una niña aprende a comprender lo que lee, cuando un adolescente entiende cómo resolver un problema y cuando un joven descubre que el aprendizaje es permanente y satisfactorio, no estamos solamente mejorando una estadística, estamos llevando a la persona a la realización plena y, con ello, transformando su presente, su porvenir.
Y, así, el futuro de nuestro país.
*Vicepresidenta nacional de Centros Empresariales de la Coparmex