El 5 de enero de 2023, el gobierno de México detiene a Ovidio Guzmán López y lo extradita a Estados Unidos. En esa operación fallecen 10 elementos del Ejército mexicano.
En tanto el hijo de El Chapo Guzmán permanecía preso en Estados Unidos, autoridades norteamericanas llegan a un acuerdo con él para que entregue a Ismael El Mayo Zambada, a cambio, Ovidio obtiene la calidad de testigo colaborador y protección para toda su familia.
A partir de ese acuerdo, Ovidio pacta con su hermano Joaquín el secuestro del principal aliado de su padre, El Mayo Zambada, y la entrega de ambos a autoridades de Estados Unidos; es decir, alguna agencia norteamericana, presumiblemente el FBI, provoca una traición interna en el Cártel de Sinaloa.
El resultado: una guerra terrible entre dos fracciones de este grupo delictivo que impactó en varias regiones del país. ¿Esto redujo el cruce de drogas entre México y Estados Unidos? La respuesta es un no rotundo.
Tras esta historia, ¿qué debería haber ocurrido? Que autoridades mexicanas detuvieran a los dos capos del Cártel de Sinaloa. De esta manera no se hubiera provocado la traición interna y se habría evitado la violencia que, hasta la fecha, se sigue combatiendo.
Estos hechos, además de representar violaciones graves a diversas leyes, se traducen en dos puntos claros: injerencia directa del gobierno de Estados Unidos en territorio mexicano y un pacto con el líder de —lo que hoy llaman— un grupo terrorista. Una de las mayores hipocresías de la administración norteamericana o de alguna de sus agencias.
*Analista
