Más de 11 mil iniciativas duermen el sueño de los justos en el Congreso. Y otros cientos se sumarán al rezago en este último año de la LXVI Legislatura que inicia mañana, martes 1 de septiembre, pues los diputados se preparan para estrenar septiembre con nuevas listas de pendientes, nuevas prioridades y, seguramente, nuevas explicaciones sobre por qué lo urgente puede esperar.
La oposición enfrentará una gran diferencia respecto al año anterior: con la panista Kenia López Rabadán como presidenta de los diputados, ahora las presidencias de las Mesas Directivas y Juntas de Coordinación Política en ambas cámaras estarán en manos del bloque oficial.
¡Y en año electoral!
¿Qué nos espera? Legisladores y grupos parlamentarios de ambas cámaras han presentado desde el inicio de esta legislatura más de 7 mil iniciativas en conjunto, alrededor de 3 mil 168 en el Senado y cerca de 4 mil en la Cámara de Diputados, y entre ambas recibieron un rezago de más de 3 mil pendientes de la legislatura anterior.
De acuerdo con los datos de las páginas oficiales de las cámaras del Congreso de la Unión, más del 93% al 98% del total de las iniciativas presentadas en el Congreso quedan pendientes o son rechazadas, la mayoría presentadas por la oposición, de las que solo se aprobó el 3%, mientras la tasa de aprobación de las presentadas por Morena, aliados y las propuestas por el Ejecutivo federal fue de cerca del 80%.
Y no son solo números, el rezago afecta de manera directa reformas de gran impacto social, como la dignificación de salarios para policías y médicos, el combate a la delincuencia o las facilidades para la justicia civil y familiar.
A través de sus redes sociales, Rubén Moreira puso el dedo en la llaga. El legislador acusó que, mientras el Congreso se mantiene paralizado respecto a las propuestas de la oposición y de los propios diputados, miles de familias mexicanas sufren por problemáticas graves que no son atendidas con urgencia, como el delito de despojo, la inseguridad o el desabasto de medicamentos.
Críticos y miembros de la oposición señalan que el Congreso ha priorizado casi exclusivamente la agenda e iniciativas enviadas por el Poder Ejecutivo o los temas impulsados por la mayoría oficialista.
Y acusan que en los órganos del Congreso y la Comisión Permanente existe una consigna de no votar a favor ni procesar las propuestas que provengan de las bancadas opositoras, sin importar su beneficio público.
En ese contexto, la respuesta a las demandas sociales no es por la falta de propuestas. Hay miles. El problema es qué propuestas considera la mayoría oficialista que merecen llegar al pleno y cuáles son condenadas a quedarse en alguna comisión, oficina o cajón legislativo hasta que termine la Legislatura.
Porque en el Congreso mexicano hay una curiosa forma de hacer política parlamentaria: las iniciativas abundan, pero los dictámenes escasean. Y cuando se trata de propuestas de la oposición, la congeladora parece tener espacio de sobra.
Según el priista, mientras las familias padecen despojos, inseguridad y falta de medicamentos, en San Lázaro se acumulan iniciativas que podrían atender algunos de esos problemas. Ahí están las propuestas para mejorar las condiciones de policías y médicos, combatir la delincuencia y facilitar el acceso a la justicia civil y familiar. Pero, al parecer, la prioridad legislativa tiene otros caminos.
Y aquí aparece el verdadero debate: ¿para qué sirve una Cámara de Diputados que recibe miles de propuestas si solamente una fracción llega a discutirse y aprobarse? ¿Para llenar la Gaceta Parlamentaria? ¿Para que cada legislador pueda presumir cuántas iniciativas presentó? ¿O para resolver los problemas que llevaron a los ciudadanos a depositar su voto en las urnas?
Porque si la regla no escrita es que las iniciativas de Morena y del Ejecutivo tienen vía rápida, mientras las de PAN, PRI y demás oposiciones permanecen en espera, entonces el Congreso corre el riesgo de convertirse en una ventanilla de trámite de la mayoría y no en el espacio de deliberación que debería ser.
Ahora viene septiembre. Morena llega con alrededor de 30 prioridades, entre ellas la Ley General contra el Feminicidio, reformas anticorrupción, regulación de la extorsión, inteligencia artificial y restricciones al uso de dispositivos electrónicos en las escuelas. El PAN anuncia combate a la narcopolítica, economía familiar, salud y defensa de las libertades. El PRI insiste en despojo, seguridad, feminicidios, medicamentos, salarios, empleo, campo e inteligencia artificial.
Hay, pues, materia de sobra.
Lo que falta es saber si habrá voluntad para discutirla.
Porque sería una ironía monumental que el Congreso aprobara una nueva regulación para la inteligencia artificial mientras mantiene funcionando a toda velocidad una vieja tecnología política: la congeladora legislativa.
Y en esa máquina caben miles de iniciativas.
San Lázaro puede tener mayoría. Lo que no debería tener es una mayoría de propuestas condenadas al olvido.
Porque una iniciativa congelada puede ser solamente un número en las estadísticas parlamentarias. Pero cuando esa iniciativa habla de seguridad, medicamentos, justicia o protección de las familias, el número tiene nombre y apellido allá afuera.
Y esas familias no tienen tiempo de esperar a una comisión legislativa que responda al porqué del rezago.
Además, ¿cuál es la urgencia? Vamos bien. Si no, espere a ver las cifras del II Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum, las cuales, por cierto, ya son distribuidas desde hace una semana por los servidores de la nación en las calles, en el formato de periodiquito.
