Migración, derecho humano y oportunidad para el desarrollo

El Presidente de México demuestra estar a la altura de las circunstancias.

Por: Fadlala Akabani*

Para efectos estadísticos, la definición de migrante internacional es cualquier persona que ha cambiado el motivo de su residencia; independientemente de su situación legal, o de la naturaleza y el motivo de su desplazamiento. Así entonces, sólo en términos estadísticos, son igualmente migrantes los estadunidenses que viven en la Ciudad de México mientras trabajan a distancia, que los caribeños y sudamericanos que atraviesan el Tapón del Darién a merced de poner en riesgo su vida.

De acuerdo con estimaciones de la ONU hasta 2020 en el mundo habían 281 millones de migrantes internacionales, que representan 3.6% de la población mundial, misma que ha crecido más de un punto porcentual con respecto a 1980 que se ubicaba en 2.3 por ciento. Sin embargo, la experiencia de migrar no es comparable cuando se hace voluntariamente buscando cultura o negocios a cuando se realiza desde la necesidad de supervivencia. En este sentido, podemos distinguir que los fenómenos migratorios del sur global suelen suscitarse mayormente por la necesidad de sobrevivir, dado el desplazamiento forzado por quedar en medio de conflictos bélicos, extorsión a manos del crimen organizado, paramilitares al servicio de alguna minera o petrolera transnacional, cuyos mejores ejemplos a nivel global los podemos encontrar en la migración africana a Europa y la migración latinoamericana hacia EU.

Dada la actual vorágine en que se suceden los eventos, así como la globalización e interrelación comercial que aún impera, nuevos países se suman a la lista de países receptores de migrantes. Entre éstos podemos encontrar a India, Rusia y México que ha dejado de ser sólo un país de tránsito hacia EU, para convertirse, en destino de migración caribeña (haitiana y cubana, principalmente), así como sudamericana.

Al tratarse de un problema complejo, es decir, que comporta un amplio número de variables, y tratándose de un país que, históricamente, ha emigrado en búsqueda de oportunidades laborales al norte de nuestro continente, México tiene la obligación moral de ejercer una política en la materia que garantice el derecho humano a migrar. El Presidente de México una vez más, demuestra estar a la altura de las circunstancias, al ejercer el liderazgo en el continente que EU rechaza ejercer de facto, al estar más concentrado en financiar y armar conflictos bélicos en Europa del Este y Oriente Medio, atizando el fuego que pone al planeta en riesgo de una guerra nuclear.

Vivimos en un mundo tan absurdo en el que la prensa británica y norteamericana tilda de antisemitismo a cualquier posición diferente a la de apoyar el genocidio del pueblo palestino en Gaza, pero a nadie se le ocurre tildar de antilatinoamericanismo al desdén que desde el Norte de América se tiene por la atención de las causas del fenómeno migratorio. Desde 2021, EU ha erogado 22 mil 900 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania y ni un solo dólar para la migración en nuestro continente. Por si no quedase claro, recientemente a principios de octubre de 2023, Joe Biden y su administración (demócrata) autorizaron la ampliación del muro fronterizo con México.

Recordemos que, desde 2018, López Obrador logró comprometer a Donald Trump con apoyo económico para llevar programas como Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro a Centroamérica, para atender el fenómeno migratorio con visión integral. 2024 está casi por comenzar y, pese a haber declarado estar de acuerdo con una visión humanitaria y en busca de desarrollo, Joe Biden sólo ha prometido apoyo económico (en múltiples ocasiones) que no ha llegado; al grado que el propio López Obrador ha criticado el afán de querer resolver todo conflicto con armas y rechazar apoyo militar del Plan Mérida para transformarlo en cooperación para el desarrollo. Ayer fue Ucrania, hoy es Israel y mañana podría ser Taiwán, la única constante es que EU abona a la desestabilización global en favor de aceitar su vasta industria armamentística y con ello apuntalar la decadente hegemonía del dólar en la economía global.

Bajo este escenario y con el prestigio que ha ganado en su administración, el presidente López Obrador convocó a 11 países de Centro, Sudamérica y el Caribe: Belice, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Panamá y Venezuela, a sostener una reunión de trabajo en materia migratoria.

La Declaración de Palenque contempla 14 puntos para enfrentar los crecientes flujos migratorios, entre los que destacan la elaboración de un Plan de Acción para el Desarrollo con la asistencia técnica de México, que además ofrece cooperación en materia de gas, petróleo, electricidad y energías renovables. Asimismo, se plantea la ampliación y el ordenamiento de vías seguras para la migración que garanticen el respeto a los derechos humanos de los migrantes, el diálogo para la mejora de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, así como del levantamiento de medidas coercitivas unilaterales como el longevo embargo económico a la mayor de las Antillas, la isla de Cuba, y el derogamiento de las 930 sanciones económicas impuestas a Venezuela.

En México, el año pasado se han roto todos los récords de ingresos de acuerdo con las Estadísticas Migratorias de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, pues en 2022, trámites migratorios como la expedición de Tarjetas de Residencia Temporal pasaron de 46 mil 835 a 60 mil 219; las Tarjetas de Residencia Permanente (refugiados), de 68 mil 523 a 75 mil 636, y las Tarjetas de Visitante por Razones Humanitarias han pasado de 87 mil 674 a 131 mil 241 con respecto a 2021, incrementando en 28.6%, 10.4% y 49.5, respectivamente.

*Secretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México

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