Con un origen que se remonta a la Oficina de Servicios Estratégicos (1942), creada en la Segunda Guerra Mundial como una agencia del Estado Mayor Conjunto, la máxima cúpula militar de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, la CIA es actualmente definida como una agencia que provee inteligencia objetiva sobre países extranjeros y asuntos globales al presidente, al Consejo Nacional de Seguridad y los tomadores de decisiones en política pública de EU.
Tanto por el secretismo de su presupuesto y operaciones como por la independencia que mantiene respecto del Congreso, a la agencia se la ha clasificado como un Estado dentro del Estado. Bajo el estatuto jurídico que le otorgó desde su surgimiento (1947) la Ley Nacional de Seguridad, con afán de resolver cabalmente los conflictos por rivalidad con militares y el FBI, estableció a la CIA como la agencia de inteligencia predominante, con la capacidad de evaluar las actividades de inteligencia de otras dependencias.
Bajo el eufemístico nombre que la asocia con una virtud humana como la inteligencia, la agencia ha basado muchas de sus operaciones en actividades ilegales, como alentar la subversión política al interior de regímenes contrarios a Washington y escalar la polarización al nivel de guerrillas armadas y coordinadas para la desestabilización, organizaciones apoyadas logística y financieramente por la CIA.
El prestigio de la CIA se acreditó gracias a operaciones de rastreo de armas de la Unión Soviética que definieron la estrategia de Estados Unidos durante la Crisis de los Misiles (1962) con Cuba. Entre sus más célebres actos estuvo el de infiltrar a la inteligencia soviética (KGB) a nivel humano e interceptar las telecomunicaciones rusas en Alemania del Este. En América Latina, el historial de la CIA es el del apoyo a golpes militares para derrocar gobiernos de izquierda como los de Jacobo Árbenz (1954) y Salvador Allende (1973), en Guatemala y Chile, respectivamente. El Plan Cóndor, apoyo logístico, en telecomunicaciones y entrenamiento a cuerpos represivos de las dictaduras militares en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay entre los años setenta y ochenta del siglo XX. Recientemente, la CIA ha sido vital para la desestabilización política y económica contra los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela (2002) y Evo Morales en Bolivia (2019).
Entre los símbolos que conforman su emblema, el águila calva, y la rosa de los vientos sobre un escudo de armadura, hacen patente que su misión es hacer de la colección de información global un elemento para la seguridad de Estados Unidos. La CIA, que se asume como la primera línea de defensa de la nación estadunidense, contará permanentemente con un piso de oficinas en la Torre Centinela, en Ciudad Juárez, junto a otras agencias como el FBI, la DEA y el CBP (Aduanas y Seguridad Fronteriza), cortesía del Partido Acción Nacional y su gobernadora en Chihuahua, María Eugenia Campos. Esta información se ha viralizado a partir del incidente donde fallecieron presuntos agentes de la CIA, que no contaban con autorización del gobierno de México para operar en nuestro territorio.
No hace falta un análisis jurídico profundo para determinar qué párrafos completos de la Constitución, el Código Penal Federal y la Ley de Seguridad Nacional están siendo violados, tipificándose en flagrancia el delito de traición a la patria. El genuino juicio y castigo para Acción Nacional estará en la oportunidad de ser procesado y sentenciado por el pueblo de México en las urnas.
*Analista
