Por Fadlala Akabani*
Como parte del devenir histórico, la Cuarta Transformación es la punta de lanza de un movimiento político cuyo ideario está inspirado en los momentos estelares de la vida pública nacional: la Independencia y el nacimiento de México (1810-1821), la Guerra de Reforma y la Restauración de la República (1857-1861 y 1867-1872) y la Revolución Mexicana (1910-1917).
Los movimientos de Independencia, Reforma y Revolución fueron imprescindibles para dotar al Estado mexicano, del carácter independentista y soberanista frente al intervencionismo de potencias extranjeras, pero también de la capacidad para relacionarse con los pueblos y gobiernos del mundo desde la igualdad, la dignidad, la cooperación y la solidaridad entre las naciones. Asimismo, estos movimientos son muestra de que si bien, en México ha habido desde siempre un sector conservador, apátrida y dispuesto a subordinarse a reinos, potencias extranjeras y poderes económicos, militares y tecnológicos del norte global; el consenso mayoritario entre el pueblo de México está por la soberanía, la independencia y el derecho a la autodeterminación.
La 4T es la manera que ese pueblo ha encontrado de refrendar soberanía e independencia en el siglo XXI y para dar forma al México moderno; un país que dio y ganó la batalla por recuperar la potestad en sus recursos hidrocarburíferos, explotar el potencial de generación eléctrica y nacionalizar al estratégico litio. La altísima volatilidad en los precios del petróleo por el conflicto en Oriente Medio, ha demostrado que en materia energética, los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum han tomado las decisiones correctas.
Entre los principales logros se encuentran el aumento significativo del procesamiento de petróleo crudo, pues mientras en 2018, el Sistema Nacional de Refinación estaba compuesto por seis refinerías y procesaba 510 mil barriles diarios, en 2026 está compuesto por ocho refinerías y procesa 1 millón 140 mil barriles diarios. Una ampliación de capacidades superior al cien por ciento, así como un crecimiento de la infraestructura con las refinerías Olmeca, en Paraíso Tabasco y la primera refinería mexicana fuera de territorio nacional, Deer Park en Texas.
Con la 4T se ha incrementado, también de manera significativa, el volumen de producción de derivados; en 2018 se producían 200 mil barriles diarios de gasolina y 117 mil de diesel, y en 2026 se producen 418 mil barriles diarios de gasolina y 290 mil de diesel, crecimientos de 109% y 147%, respectivamente. Para dimensionar la importancia de estos cambios, podemos observar el dato que guardaba el volumen de derivados importados —hasta 83% de los combustibles comercializados— por Pemex en 2018, 594 mil barriles diarios de gasolina y 238 mil de diesel; en 2026 se importa 46.63% menos gasolina, 317 mil barriles diarios, y 68.06% menos de diesel, 76 mil barriles diarios. Ante un escenario global tan complejo, era vital para la viabilidad de México abandonar el escenario de dependencia extrema en materia energética creado por el neoliberalismo prianista.
Perdida ideológicamente y desconectada de la realidad social del pueblo de México, la oposición apátrida acude a Bruselas y a Washington, a calificar a México de Estado fallido y a la 4T de dictadura, cuales tontos útiles de la narrativa que justifica una posible intervención militar; empero, como sucedió con los realistas, los conservadores maximilianistas, y los porfiristas, serán derrotados por un digno y valiente pueblo, al que desprecian y no saben representar.
X: @FadlalaAkabani
