Hungría y México: un año de celebraciones compartidas

Por Zoltán Németh*

Hoy, 23 de octubre de 2026, conmemoramos el 70° aniversario de la Revolución Húngara de 1956, fecha en que el pueblo húngaro se levantó contra la ocupación soviética y la opresión comunista. Durante las protestas y los combates, miles de personas sacrificaron sus vidas por la libertad, decenas de miles fueron arrestadas y unos 200 mil compatriotas se vieron obligados a abandonar el país. Sin embargo, en este aniversario no nos vence el luto; ante todo, recordamos la profunda catarsis y el sentimiento de renovación que significó la revolución.

1956 no solo es importante para los húngaros. La experiencia de la revolución es, precisamente, lo que nos conecta de forma más estrecha con el mundo, sabiendo que en su momento gran parte del planeta respiró al unísono con la causa húngara. Hoy, ese mismo mundo se une a nosotros para revivir el entusiasmo y la generosidad con la que tantos apoyaron la lucha en aquel entonces. No olvidamos que, tras la revolución, muchas familias húngaras encontraron en México su hogar definitivo.

El 23 de octubre de 1956 recuerda al mundo, una y otra vez, que la libertad, la tolerancia y la democracia no son un regalo garantizado. Todavía existen lugares donde muchos deben sacrificar sus vidas por ellas; las luchas desiguales por la libertad continúan hoy en día. Por ello, el mandato moral de 1956 es la solidaridad: con las minorías, con los más débiles y con los oprimidos.

La experiencia histórica demuestra que la tiranía finalmente cae. La revolución de 1956 dejó claro que un movimiento puede ser derrotado en las calles y, aun así, cambiar el rumbo de la historia. El deseo de libertad es más fuerte que las prisiones, las ejecuciones, el exilio y el silencio forzado. La libertad de la que hoy goza Europa Central no comenzó en 1989; sus cimientos se colocaron treinta y tres años antes en las calles de Budapest.

Al integrarse en la memoria moral de la humanidad, el 23 de octubre deja de ser una festividad exclusivamente húngara: es la fiesta de la solidaridad mundial, de las luchas por la libertad, la independencia, la soberanía y la dignidad humana. Es la celebración de quienes rechazan la represión, el autoritarismo, la intervención extranjera y cualquier forma de terrorismo. Es la fiesta de todos los pueblos que aman la libertad; es la fiesta de Hungría y también de México.

Es la celebración de dos países que, a lo largo de este año 2026, festejan también el centenario del establecimiento de sus relaciones diplomáticas. En este doble aniversario resulta especialmente importante repasar los lazos históricos, culturales, científicos que —además de los idénticos colores de nuestras banderas— unen a nuestras patrias. Es una historia de éxito de dos naciones con culturas milenarias, orgullosas de sus raíces y tradiciones.

Aunque Hungría y México se encuentran separados por el océano Atlántico, nuestros vínculos han sido tradicionalmente amistosos, cercanos y, sobre todo, productivos. Estos lazos de amistad y entendimiento no surgieron por sí solos; son el fruto de voluntades y esfuerzos conjuntos para mejorar la colaboración entre dos países que se han convertido en socios estratégicos.

Esta cercanía es fomentada por un diálogo continuo y constructivo entre los gobiernos, así como por los intercambios que han permitido estrechar los lazos directos entre las personas. La solidaridad y el respeto mutuo nos han ayudado a identificar los valores comunes que defendemos, los cuales han sido objeto de las respectivas luchas históricas de los pueblos de Hungría y México.

Son justamente estos mismos valores los que celebramos en el 70° aniversario de la Revolución Húngara de 1956. Aquella gesta nos recuerda, tanto a mexicanos como a húngaros, que la libertad no se negocia, que la fuerza de la unión puede hacer milagros y que la valentía inspira los cambios del futuro.

*Embajador de Hungría en México.