Cinco años de cooperación para el desarrollo

Por Allegra Baiocchi*

En los últimos cinco años, México —como el mundo entero— atravesó una etapa especialmente compleja. Una pandemia que puso a prueba los sistemas de salud y protección social. Crisis económicas que impactaron el bienestar de millones. Eventos climáticos cada vez más extremos. Y un entorno internacional más fragmentado e incierto.

En ese contexto, la cooperación internacional puede parecer lejana, incluso abstracta. 

Pero no lo es. Cuando funciona, la cooperación se vuelve concreta. Se traduce en derechos que se ejercen, en oportunidades que se amplían y en vidas que cambian. Eso es lo que muestra el Informe de Resultados de las Naciones Unidas en México 2020–2025.

Más que un documento, es el reflejo de lo que ocurre cuando instituciones públicas, sector privado, academia, sociedad civil, donantes, comunidades y la ONU deciden trabajar juntas con un objetivo común: poner a las personas en el centro.

Los resultados son claros. Entre otros, esta colaboración contribuyó a los esfuerzos de México para que más de 35 millones de mujeres y niñas cuenten hoy con mayor respaldo legal para vivir libres de violencia; más de 30 millones de niñas, niños y adolescentes accedan a mejores servicios de salud, educación y alimentación; a sumar más de cinco millones de hectáreas nuevas a la Red de Conservación Nacional, y a que más de 200 mil personas migrantes y refugiadas recibieran acompañamiento en su integración y acceso a derechos.

Pero lo más importante no está sólo en las cifras, está en cada historia detrás de ellas: la de una mujer que encuentra protección frente a la violencia, la de una niña que permanece en la escuela, la de una familia que accede a servicios básicos, la de una persona que, tras huir de su hogar, reconstruye su vida.

El ciclo de cooperación que concluye marca una transición hacia una cooperación revitalizada y también nos deja lecciones que no debemos perder de vista. 

La primera: cuando se suman esfuerzos, el impacto se multiplica. La articulación de 23 entidades del Sistema de Naciones Unidas permitió evitar duplicidades y generar respuestas más integrales frente a desafíos complejos.

La segunda: las soluciones funcionan mejor cuando nacen desde el territorio. Escuchar a las comunidades no es un principio abstracto; es una condición para que las políticas públicas realmente funcionen.

Y la tercera: la evidencia importa. Las decisiones basadas en datos no sólo son más efectivas; también son más sostenibles.

México ha apostado por una visión de desarrollo centrada en el bienestar, la reducción de las desigualdades y la ampliación de derechos. 

Y cuando la cooperación se alinea con las prioridades nacionales, los resultados se multiplican y se sostienen. 

Hoy, sin embargo, no basta con mirar lo logrado. El contexto global sigue planteando retos urgentes: desigualdades persistentes, crisis climática y transformaciones tecnológicas que redefinen economías y sociedades. Frente a ese escenario, la cooperación también tiene que evolucionar.

Ése es el espíritu del nuevo Marco de Cooperación 2026–2031 que Naciones Unidas impulsa en México, alineado con los ODS, la Iniciativa ONU80 y el Plan Nacional de Desarrollo. Una nueva etapa que apuesta por la innovación, la transformación digital, la igualdad sustantiva y una economía más incluyente y sostenible. Pero, sobre todo, una cooperación que busca ser más integrada, estratégica y efectiva.

Porque hay una idea que resume todo este esfuerzo: el desarrollo no se mide en documentos, sino en la vida de las personas.

Hace más de 80 años, México fue uno de los países fundadores de las Naciones Unidas. En un momento de incertidumbre global, apostó por la cooperación como herramienta para construir la paz y el desarrollo. 

Hoy, esa decisión sigue siendo vigente. El multilateralismo no es una abstracción. Es una herramienta que demuestra su valor, o sus límites, en su capacidad de responder a los problemas reales de la gente.

La experiencia de estos cinco años en México deja una certeza clara: cuando trabajamos en conjunto, cuando escuchamos y cuando ponemos a las personas en el centro, el desarrollo deja de ser una promesa lejana y se convierte en una posibilidad concreta.

Ése es el camino que hoy reafirmamos. Y ése es el compromiso que renovamos: seguir trabajando, junto con México, para construir un país más igualitario, más próspero, más sostenible y en paz.

Les invito a conocer este informe y a sumarse a esta nueva etapa de cooperación y, en conjunto, llegar más lejos y con mayor impacto.

*Coordinadora Residente de la ONU en México