El atletismo mexicano tiene una generación para ilusionarse

Por Oscar del Cueto / Extacuandoin

Este fin se semana comenzó la actividad del atletismo mexicano en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Más allá del número de medallas que pueda conquistar la delegación mexicana, esta justa representa la oportunidad para seguir de cerca de tres atletas que atraviesan un momento extraordinario y que pueden convertirse en grandes figuras de este ciclo rumbo a Los Ángeles 2028 y, más adelante, hacia Brisbane 2032.

Se trata de Alegna González, Erick Portillo y Uziel Muñoz. Sus carreras son distintas, sus procesos formativos no responden necesariamente a una misma estructura o un mismo sistema y sus logros deben entenderse, más que nada, como resultado de años de disciplina, constancia, sacrificio y trabajo personal. La coincidencia es que los tres han alcanzado resultados sobresalientes a nivel mundial prácticamente al mismo tiempo.

Alegna González ya no es una promesa se convirtió en una de las grandes figuras internacionales de la marcha. En 2025 conquistó la medalla de plata en el Campeonato Mundial de Tokio en los 20 kilómetros, estableció un récord continental y cerró el año como una de las mejores marchistas del mundo. En 2026 continúa con éxitos al ganar el Gran Premio Internacional de Rio Maior, en Portugal, con un nuevo récord mexicano en la media maratón de marcha.

Su caso mantiene viva una de las tradiciones más importantes en el deporte nacional, pero también muestra su evolución. Alegna ha construido una carrera la coloca en condiciones de competir por los primeros lugares en cualquier escenario internacional incluidos unos Juegos Olímpicos.

Erick Portillo representa otra historia. Hace unos meses obtuvo la medalla de plata en el Campeonato Mundial de Atletismo Bajo Techo y alcanzó la marca de 2.30 metros en salto de altura. Con esto se convirtió en el primer mexicano en subir a un podio mundial en esta disciplina, nunca antes un mexicano lo había logrado.

Su resultado es especialmente relevante porque México no ha tenido presencia dentro de la élite internacional del salto de altura. Portillo ha avanzado en una prueba dominada históricamente por atletas de países con una larga tradición, infraestructura especializada y circuitos competitivos muy desarrollados, aun así lo ha logrado. Su crecimiento es consecuencia de un proceso y un esfuerzo personal que hoy lo mantiene entre los mejores del mundo.

Uziel Muñoz también rompió una barrera que durante décadas parecía difícil de superar. En 2025 consiguió la medalla de plata en el Campeonato Mundial de Tokio en lanzamiento de bala, rompiendo el récord mexicano con 21.97 metros. Fue la primera medalla mundial para México en una prueba de lanzamientos.

El logro de Uziel tiene un significado especial. El lanzamiento de bala exige potencia, técnica, preparación científica así como fogueo constante frente a atletas de países que han dominado la especialidad durante generaciones. Llegar a una final mundial por si solo ya es un resultado importante. Subir al podio confirmó que su nivel está entre los mejores de este planeta.

Lo más alentador es que ninguno de los tres parece haber alcanzado todavía su techo deportivo, hay muchos detalles que corregir y mejorar. Alegna González, Erick Portillo y Uziel Muñoz llegarán a Los Ángeles 2028 en una etapa de madurez competitiva. Sus resultados actuales permiten hacernos soñar en finales y medallas olímpicas, siempre que logren tener continuidad en su preparación, acceso a competencias internacionales suficientes y planeadas y que cuenten las condiciones necesarias para desarrollar su talento.

Brisbane 2032 aparece como algo lejano, pero no irrelevante. Dependiendo de la evolución de cada uno en su disciplina, de su preparación y de la estabilidad de sus procesos, los tres podrían llegar a ese ciclo con una experiencia acumulada muy valiosa. Hablar desde ahora de resultados concretos sería apresurado, pero ignorar su potencial también lo sería y para las instrucciones el desperdicio de una gran oportunidad.

Lo que ocurre con ellos no debe presentarse como el resultado de un sistema deportivo nacional ni como prueba de que los problemas estructurales del deporte mexicano fueron resueltos. Tampoco es necesario convertir sus historias en una crítica. La noticia está en otro lugar: tres esfuerzos individuales, construidos por caminos diferentes, coinciden hoy en un mismo momento de excelencia deportiva.

Esa coincidencia merece atención. México cuenta al mismo tiempo con una marchista de talla mundial, un saltador de altura capaz de subir a un podio internacional y un lanzador de bala que ya transformó la historia de su disciplina para este país. No es común que una generación reúna resultados de esta magnitud en pruebas tan distintas.

Por eso hay que seguirlos de cerca, los Juegos Centroamericanos y del Caribe son una escala importante, pero el verdadero horizonte está en Los Ángeles 2028 y, eventualmente, en Brisbane 2032.

El atletismo mexicano puede convertirse en una fuente de inspiración para niñas, niños y jóvenes que pocas veces ven a atletas nacionales competir de igual a igual con los mejores del mundo. Alegna González, Erick Portillo y Uziel Muñoz ya demostraron que pertenecen a esa élite. Ahora comienza una etapa en la que sus historias pueden crecer todavía más.

Oscar del Cueto
Excélsior