Mujeres y poder; lecciones
Dice Isabel Turrent sobre Margaret Thatcher que Jim Prior explicaba: “Lo que le resultaba intolerable en el caso de Margaret Thatcher era que el ‘que desafiaba fuera una mujer y el desafiado un hombre’. Para mí, concluyó, fue siempre muy difícil digerir esto”. Los prejuicios que suponen que las mujeres deben ser empáticas y los hombres tienen derecho a aplastar a su oponente.
Las mujeres no. Ellas deben considerar que el señor, cualquiera de ellos, va a sufrir, le va a doler el orgullo de verse desafiado y derrotado por una mujer. Hay que tener un mínimo de amabilidad con él. Margaret supo que si lo hacía,
la perdedora sería ella.
¿Será que ellos tienen derecho a ofender, con y sin razón, a cualquier mujer, más si ella se atreve a salir a la calle, a ser la mejor en la escuela, a denunciar el acoso y el hostigamiento en el trabajo?, ¿Si se atreve a defender sus derechos, por supuesto que merecería ser insultada, ninguneada en redes, en la calle, en cualquier lugar? Y más ¿si defiende el derecho a decidir? Eso ya les es francamente insoportable.
Mujeres cuya inteligencia les ha permitido abrir la cerrazón cerebral de sus contemporáneos y desde una posición que cualquiera llamaría de florero, la primera dama de Estados Unidos, Eleanor Roosevelt, estuvo muy dispuesta y ocupada en promover los derechos de las mujeres. Al quedar viuda, decidió trabajar y mantenerse; fue llamada por el presidente Truman para ocupar un puesto en la delegación de la Asamblea de las Naciones Unidas en 1945. Fue elegida presidenta de la Comisión de Derechos Humanos. Su objetivo fue hacer realidad la Declaración Universal de los Derechos Humanos; lo logró en 1948. Su estrategia consistió en aliarse con las pocas mujeres que participaban en las reuniones.
Dolores Conquero, “porque cada pareja que se forma en la que ella es mayor que él, derriba un trocito de prejuicio y a lo mejor, algún día, se acaba con este tabú”, escribe en la introducción de su libro Amores contra el tiempo. Historias sobre la discriminación sexual que las mujeres han soportado por ser amadas y amar a un hombre menor que ellas. Desafiando esa muy cruel y bastante tonta idea de que las mujeres, una vez pasada la juventud (y vaya a saber una cuándo sucede eso), les debe estar prohibido desde el amor hasta el simple flirteo. Ejemplo, Brigitte Trogneux, pareja de Macron. Su estrategia: “para ser eficaz hace falta ser feliz, y yo tengo un cierto talento para la felicidad. Para la felicidad y para la libertad. No pienso dejar que la mediocridad, las maldades o las perfidias anónimas dicten mi vida”. Fortaleza es la palabra.
Y sí, como sabemos, piensa mal y acertarás, para muchos hombres hasta que una mujer corra les parece demasiado. Roberta Louis Gibb corrió “clandestinamente” el maratón, a la edad de 23 años, sin que los organizadores se dieran cuenta. Intentó inscribirse y se lo negaron por ser mujer. Tremendo impedimento en Boston y en 1966. Demostró que somos capaces de resistir e incluso completar una prueba de atletismo tan dura como es un maratón, con un tiempo de tres horas y 21 minutos. Repitió la hazaña en 1967 y 1968. Hasta 1996, la Asociación Atlética de Boston reconoció oficialmente sus victorias y le otorgó una medalla. Su estrategia, preparación y confianza en sí misma.
Jorgelina Albano escribió La mujer de la hamaca. Con su libertad ganada a pulso, se apodera de ese artefacto e inventa un mundo a partir de sueños mecidos a ritmo caribeño. Uno de ellos, Alabadas, espacio digital, invita a las mujeres a reflexionar y cuestionar el lugar ocupado en la sociedad, para transformar su realidad. 30 historias donde lo que se admira es la potencialidad del género femenino.
Dice Alma Guillermoprieto en el epílogo de Los placeres y los días: “Si la vida fuera terrible, nadie la querría vivir”. Inquietante, porque según a quien se pregunte llegará una respuesta cargada de optimismo, una desoladora o una muy indiferente. Muchas mujeres como ellas han mostrado que se puede ir cambiando al mundo.
