Oportuno recordar que en 1936, el estado de Yucatán vivió una profunda conmoción, tras la promulgación de las Siete Leyes que liquidaban el federalismo. En marzo de 1840, se firmó el Acta de la Ciudadela de San Benito, formalizada después en el Acta de Independencia del Estado. Decidieron apartarse temporalmente de la República. En pocos años, México retomó el camino. Yucatán , también. Importa señalar que esa Constitución de 1841, fue la primera que incluyó la protección de garantías constitucionales, el imprescindible juicio de amparo.
¿Es posible imaginar la Ciudad Blanca, Mérida, con sólo 25 mil habitantes, en el lejanísimo Yucatán? Si laCiudad de México protagonizaba el autoritarismo, Mérida le enseñaba los dientes. No al centralismo. Cuestiones que la historia oficial omite. ¿Por qué será? Ese raro afán de “unidad”, que más parece unanimidad. Que nadie piense distinto.
Cinco años después, nació Rita Cetina, en familia de clase media, impregnada de la voluntad de saber. No distinguieron entre hija e hijos, educados por igual en las entrañables sabidurìas de la filosofía, la literatura, la ciencia. Desde muy joven, rebelde ante el mandato de feminidad. No le sedujo ser “el ángel del hogar” ni tampoco la “heroína” que remarca el lugar de los varones. Se inclinó por ser ella, ser Rita y contagiar sus ansias de libertad a sus congéneres.
Fundó una escuela para niñas; una ONG, La Siempreviva, Sociedad Científica y Literaria; y una revista, con el mismo nombre, escrita por y para mujeres. Todo, en 1870. Trabajó, no sin dificultades y tropiezos, con gran ímpetu, hasta que los gobiernos contrarios a la emancipación femenina, lograron alejarla de su tarea. Ya era tarde. Lo sembrado, floreció.
Esa Mérida, donde paseaban orondos hacendados y comerciantes del henequén, con sus “intelectuales orgánicos”, hombres todos privilegiados, muro casi infranqueable ante cualquier cambio en el horizonte humano, ese de mujeres y hombres, cuya sexualidad muda, reprimida e hipócrita, sometía especialmente a ellas. Otras sexualidades ni se nombraban.
La inteligencia de Rita, sus conocimientos y su propia experiencia viviendo los destellos de la República Restaurada, decide plantar un firme No a la domesticidad femenina y hace de la educación, el pilar para la emancipación de las mujeres mediante la profesionalización y el trabajo remunerado. Utilizó cuanto recurso intelectual tuvo a mano, para burlar sanciones, reproches e injurias. No encontró hombre que valorara su inteligencia, por lo que no se casó, pero cuidó con esmero a un niño expósito, que llegó a ser músico connotado.
Amigas, compañeras, socias entrañables, Gertrudis Tenorio y Cristina Farfán, cruzaron con ella de la mano por las muy estrechas grietas que descubrieron en la muralla patriarcal. Gertrudis, reconocida poeta, fue calificada como summum de la impudicia”. Escribir poesía, privilegio masculino.
Escándalo mayúsculo causaron al argumentar que para una “buena y leal madre de familia” era indispensable conocer los “secretos arcanos de la naturaleza”. Traducción: específicamente, la sexualidad humana. Aún hoy, siguen escandalizados.
Rita no participó en los Congresos Feministas, pero sus alumnas, sí. Elvia Carrillo, Beatriz Peniche, entre muchas otras. Exigieron sufragio femenino y educación sexual. La Mérida de hace más de siglo y medio, da lecciones: No al centralismo, juicio de amparo para protección de derechos ciudadanos, educación científica y profesional a las mujeres. No esa simulación de Nueva Escuela Mexicana, con beca Rita Cetina, que no la honra. Ella buscó libertad. No generar individuos sometidos al poder.
Rossana Reguillo siguió su camino. Nombró las políticas de la mirada, tácticas y estrategias que usamos y no sabíamos nombrar. Descanse en paz.
