¿Las mujeres hemos cambiado?

No dejemos de reconocer que la gran visibilidad que hoy tienen los movimientos feministas en el país, se lo debemos a las jóvenes que salieron con su rabia a cuestas y rompieron las cosas que encontraron a su paso. La violencia no es el camino, pero hay ocasiones en que no hay más espacio para llamar la atención de una sociedad ciega y sorda a los reclamos femeninos.

Generalizar, error grave. Puntualicemos. Muchas jóvenes, sí. Ya saben de la violencia contra las mujeres, de feminicidio, de lesiones feminicidas por ácido. Saberes muy tristes, pero ya indispensables para vivir de otra manera. La ignorancia siempre ha sido enemiga. Muchas lo han aprendido por graves “incidentes” contra ellas y/o sus amigas o parientas. Duele aprender de esa forma. Otras, en sus escuelas han impartido talleres, conferencias o alguna otra propuesta que les ha abierto los ojos ante las relaciones tóxicas, bullying, sexting y demás aberraciones.

Las mujeres de 30 a 50 años, en muchos casos, han sido afectadas por el horror y su reacción ha sido diferenciada. Unas, se abrazan con mayor fuerza a las consignas patriarcales; otras, inician una búsqueda de explicaciones lógicas y se topan con los feminismos que las han persuadido. Las que coinciden con normas patriarcales, casi siempre tienen fuertes intereses económicos detrás. No dejarán de apoyar a los hombres, para no vivir sin su apoyo. Triste, pero real y grave cuando ellas tienen hijas a las que dejan en una extraña y desoladora orfandad.

occae vene ipsae et poritat inciti ipid quod magnati strupta.

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Las ya mayores de 60 han tenido el tiempo y la paciencia de revisar sus experiencias, revalorar principios y convicciones y muchísimas se han tornado activistas feministas. Eso es un aliciente. Pero, muchas otras se han vuelto cínicas, descaradas, impúdicas y desvergonzadas. Enoja, enfurece y sólo impulsa a seguir procurando apoyo y brindar información.

Una fuente muy potente e involuntaria ha sido el caso de la muy valiente y muy admirable María Elena Ríos, quien sufrió el ataque a través de personajes contratados para herirla con ácido. Afortunadamente, vive para contarlo, que no era la intención del despreciable sujeto. Ella se ha protegido y ha actuado con prudencia. Han sido los medios quienes le han dado una red de protección tan fuerte e importante, que aun con la cobarde corrupción, lograron detener la puesta en prisión domiciliaria del fulano. Seguirá preso. No fue la ley, no fueron artes ocultas y menos, un juez. Fue visibilizar ante la sociedad, la corrupción y la indefensión en que quedaría María Elena.

Esos medios han sido tocados por las feministas, y muchas comunicadoras lo son. Ellas han presentado información y hechos incontrovertibles. Ahora son aliados de las mujeres. Hay que seguir en la tarea que inició desde hace siglos, pero en México cobró fuerza gracias, primero, al Programa Nacional de la Mujer, con Dulce María Sauri a la cabeza, y luego, por el Inmujeres. Lamentablemente, hoy perdió fuerza, recursos y ya ni escuchamos algo digno de mencionar.

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No dejemos de reconocer que la gran visibilidad que hoy tienen los movimientos feministas en el país, se lo debemos a las jóvenes que salieron con su rabia a cuestas y rompieron las cosas que encontraron a su paso. La violencia no es el camino, pero hay ocasiones en que no hay más espacio para llamar la atención de una sociedad ciega y sorda a los reclamos femeninos. Su manera de organizarse también es diferente y original, no obedecen a una líder iluminada. Además, se replican sus reclamos en cada ciudad, en cada pueblo del país. Sí, las redes sociales también ayudan.

Importa subrayar que, si no hubiera impunidad, nada de esto hubiera generado la conciencia entre las mujeres. Que no haya impunidad significa que se juzga con perspectiva de género y eso aún lo vemos lejano en el panorama, a pesar de los llamados de la Suprema Corte de Justicia. La igualdad demanda tratar de manera desigual a las desiguales.

Pronto, el Senado de la República reanudará sesiones. La reforma electoral será de los primeros temas a votar. Senadores, senadoras, no la dejen pasar. Serán cómplices en darle el tiro de gracia a la democracia. Seguimos en defensa del INE. Mi voto no se toca.

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