Las lecciones de tres de las mejores
Los avances fueron marginales. Tal vez, por lo que dice Ángela: “La voz de una mujer no es tan grave ni tan fuerte como la de un hombre. Para una mujer, irradiar autoridad es algo que se tiene que aprender. Y luego está, por supuesto, la discusión sobre cómo voy vestida”.
Abrazo a Amparo Casar
Ya tenemos Presidenta. Tiempo para traer a la mesa, por qué y cómo lograron sortear los retos tres de las mejores presidentas de países tan distintos como Chile, Alemania y Nueva Zelanda. Tres continentes: América, Europa y Oceanía. Muestra de que el feminismo abraza al mundo y el mundo abraza al feminismo, a pesar de los pesares.
De las tres, se rescata su capacidad para escuchar, su empatía y su profesionalismo. Una, médica pediatra; otra, física, y la última, licenciada en ciencia política. Firmes, capaces de defender sus propuestas con argumentos y datos sólidos. Preocupadas por infancias y adolescencias. Las jóvenes y los jóvenes votaron por ellas.
Jacinda enfrentó ataques terroristas, la pandemia de covid-19 y la erupción de un volcán. Basada en datos reales, resolvió de manera adecuada y hasta aplaudida, los tres. Su cercanía con la gente fue clave para el éxito. Mantuvo unido a su partido y a su coalición. Sus ejes de gobierno: reducción de la desigualdad social, fuerte impulso al derecho a la vivienda y reforma fiscal. No los consiguió.
Angela, tras separarse de su mentor Helmut Kohl y asumir su responsabilidad, enfrentó serena, firme y pragmática la pandemia por covid-19, la crisis migratoria y el reto más complejo por disparatado, Trump. Fue líder del internacionalismo liberal, articulando esfuerzos de la Unión Europea en entornos muy complicados. La realidad de Grecia y la de Turquía fueron escollos difíciles, pero su capacidad para persuadir fue clave para avanzar.
Michelle Bachelet, sencilla, directa y empática. Sus retos fueron una reforma fiscal, una nueva Constitución y un cambio drástico a la educación, que se había convertido no en derecho, sino en botín. Supo sintonizar con las expectativas ciudadanas, haciendo posible una mayor participación de todas y todos a través de los canales institucionales e hizo cambios importantes al modelo político y económico, sin perder los beneficios alcanzados en materia de libertades individuales.
Las tres se mostraron abiertas a escuchar, a responder a las críticas y a trabajar de la mano de la gente. Sus propuestas para mejorar la situación de las mujeres no tuvieron los resultados esperados.
Jacinda quiso disminuir la pobreza infantil, con extensión de la licencia por maternidad y paternidad, subsidios a familias de ingresos bajos con niños pequeños y beneficios sanitarios, como visitas médicas gratuitas y entrega de productos de higiene femenina. Los avances fueron marginales. Tal vez, por lo que dice Ángela: “La voz de una mujer no es tan grave ni tan fuerte como la de un hombre. Para una mujer, irradiar autoridad es algo que se tiene que aprender. Y luego está, por supuesto, la discusión sobre cómo voy vestida”.
Otros consejos: “En asuntos marginales, intento mantener la amabilidad, pero cuando se trata de asuntos fundamentales, puedo ser tan dura como los hombres. La clave está en no perder los nervios. Mantener la distancia y no dejarte arrinconar si alguien expone sus argumentos alterado o de forma emocional”.
“En la política prefiero la cooperación a la confrontación. Encuentro bastante desagradable una cierta manera que tienen algunos políticos hombres para imponerse. Algunos se inflan, se pavonean y tratan de hablar más alto que otros. Yo me siento casi físicamente atacada y prefiero hasta cambiar mi asiento”. (https://www.gaceta.unam.mx/merkel-una-mujer-con-capacidad-de-escuchar-y-...).
Michelle se preocupó por el empoderamiento económico y la eliminación de la violencia contra las mujeres. Desde la ONU, dijo: los derechos de las mujeres (no son negociables) son derechos humanos, en su universalidad e indivisibilidad, y para todas las mujeres, en su diversidad plena y libre”.
