Expertas en resistencia
Lo que habrán vivido las que se atrevieron a ingresar en la Preparatoria Nacional. En 1900 acudían sólo 50 valientes y más de mil alumnos. Matilde Montoya, la primera, graduada de médica en 1887, venciendo cuanto obstáculo se le presentó. Entendimos que solas es casi imposible, pero unidas, la cosa cambia.
Quienes tenemos gran expertise en resistencia al poder somos las mujeres. Saber decir no, a pesar de ser de las primeras palabras que pronuncian niñas y niños, cuesta mucho trabajo cuando nos muestran los dientes, la furia y dan de golpes, a veces bajos, a veces directos y contundentes.
Que no se nos nuble el entendimiento y hablemos con verdad, aunque duela. Diferentes voces afirman que la primera mujer gobernante (interina) del país, fue Carlota, lo que, según Martha Robles, “causaría muchos disgustos debido al arraigado antifeminismo local”. “Oye ,Maximiliano, no te digo que no, pero tampoco que sí. Él entendió: no te digo que sí, pero tampoco que no… Dios te libre de los hombres que aspiran a ser reyes”. Y así, cuatro años tuvo el mando, contra todo (https://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020002863/1020002863_007.pdf).
Recordemos, la abnegación femenina fue imposición y durante casi todo el siglo XIX ninguna institución de educación superior admitía mujeres. Una posibilidad, la educación privada, si la familia lo permitía. Otra, ser autodidactas. Difícil resistencia.
Gracias al libro de José María Vigil, Poetisas Mexicanas, siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Antología de poemas de 95 mujeres, sabemos que lograron burlar prohibiciones y seguir sus deseos, escribir, pintar o hacer una infinidad de cosas, pero con temor, miedo, mofas y sacrificios. Injusto y resistimos.
Escuela Secundaria de Niñas, fundada en 1869: “Ninguna nación ha alcanzado el refinamiento de la civilización hasta que no se ha ocupado de la mujer… Nada hay más útil e interesante que la educación de la mujer”. Palabras mesuradas y cautas de María de Belén y Méndez, primera directora. No olvidaron enseñar deberes de las mujeres en sociedad, y deberes de la madre en la familia y el Estado. Uf, a resistir.
Lo que habrán vivido las que se atrevieron a ingresar en la Preparatoria Nacional. En 1900 acudían sólo 50 valientes y más de mil alumnos. Matilde Montoya, la primera, graduada de médica en 1887, venciendo cuanto obstáculo se le presentó. Entendimos que solas es casi imposible, pero unidas, la cosa cambia.
Las que anhelaron ser maestras, enfermeras o periodistas encontraron retos y dificultades, pero ya se había normalizado la idea de mujeres profesionistas, a costa de trabajar doble y ganar menos que la mitad. Resistimos y, mientras, no cesamos de exigir nuestra carta de ciudadanas, para desde ahí cambiar esta condición indigna.
Elvia Carrillo desde el sur, Hermila Galindo venida del norte, Dolores Jiménez y Muro, desde el centro, y con ellas muchas otras, pugnaron por el derecho a votar y a ser votadas. Y entonces, las demandas, los pequeños grupos, las sorpresas de varios gobernadores otorgándolo con el fin de ganar votos.
Los partidos políticos, las leyes electorales, nuevas barreras al deseo femenino. Las cuotas, las discusiones, las trampas y al fin, la paridad en todo, tal y cual es la realidad: más o menos, mitad y mitad. Muchas batallas para llegar a donde estamos, con una mujer Presidenta, rodeada de patriarcales poderes.
Indiscutibles por fundamentales, los derechos a la educación y a la salud. En ambos, falta perspectiva de género. Urgente en lo relativo a la salud. Raffaela Schiavon: “Sin lentes de género, por siglos, la historia de la medicina, la investigación, los protocolos clínicos, las intervenciones terapéuticas, las guías de tratamiento, la evolución de las enfermedades, la epidemiología y la genética, en suma, toda la teoría y la práctica médica ha invisibilizado a las mujeres” (https://bioetica.nexos.com.mx/author/raffaela-schiavon/).
Apoyemos a Claudia con la luz de la razón. Es decir, ilustradas, señalando aciertos, exigiendo atención si nuestras demandas son olvidadas. Nos necesitamos unidas y en alerta, para vivir sin miedo.
“Que resista la esperanza de vivir”. Vivir Quintana.
