Demos oportunidad a la templanza, la prudencia y la justicia

A las mujeres, las paredes nos escuchan con especial atención e interés. Más nos vale aprender a decir bien y claro nuestro pensar, sentir y desear. Y a veces, ni así. No en balde eso de NO es NO.

La percepción de inseguridad es una mala sombra que nos acompaña todos los días del año, en todos los rincones de nuestra cotidianeidad. El horrendo incremento de las violencias contra las mujeres en este país parece imparable, no sólo por el número, sino también por la aplicación de la crueldad con la que nos están matando. 

La política no voltea a mirarnos; la justicia es aún más inaccesible ahora que hace unos años. El miedo se ha instalado en las calles, donde ya no juega nadie; la desconfianza impide construir redes de protección. La soledad y la depresión son amaneceres diarios de muchas jovencitas. La atención a las infancias es un propósito olvidado.

Ante la división absurda y maniquea de buenos y malos (las mujeres ni pintamos), urge que le demos un espacio a la templanza. Virtud que alienta la moderación de la voluntad (el capricho de inmaduros) y promueve la razón, a fin de encontrar esos justos medios en cualquier disputa o debate. Increíble que ahora se diga sin rubor alguno “es que así lo quiere el señor”, ese señor que pretende enviar a la cárcel a quien lo contradiga, a quien no acate su deseo, a quien tenga una opinión distinta. La templanza “en concreto, es una virtud que reclama el autocontrol personal sobre pasiones, vicios y excesos. Como un dominio de la voluntad y la razón sobre la vida”. (https://contrapeso.info/que-es-templanza/).

Urge entre las prendas de quien pretenda gobernar.

La prudencia no requiere de mucha presentación. Pero, aun así, sí es imperativo exponer una definición: “La prudencia es una cualidad que consiste en actuar o hablar con cuidado, de forma justa y adecuada, con cautela, con moderación, con previsión y reflexión, con sensatez y con precaución para evitar posibles daños, dificultades, males e inconvenientes y respetar la vida, los sentimientos y las libertades de los demás”. (https://orchardcollege.cl/valor-de-la-prudencia/).

La ciudadanía debe participar en las definiciones de política pública, y promover que la salud sea ese estado de bienestar, la educación sea de calidad y el trabajo digno sean derechos al alcance de todas, todos y todes.

Y de la justicia: “La justicia y la legalidad son componentes y principios del Estado democrático. La justicia alude al resguardo de la ley y a su aplicación sin distinciones. Mediante la ley se garantizan los derechos de las personas, se establecen las obligaciones de todos y se limita el poder de los gobernantes”. Más claro, ni el aire. Y eso de las obligaciones, justo es equilibrarlas. El cuidado de las personas es derecho y obligación de todas, todos, todes.

Las mujeres, por historia, tradición y costumbre, estamos más cercanas a la templanza. Criar chiquillas y chiquillos enseña a dejar de lado caprichos y enfocar esfuerzos para guiar con razones a trepidantes voluntades de 3 o 7 años.

Y después de lidiar 15 horas diarias, hay que contemporizar con adultos poco adiestrados en eso del razonar. De la prudencia, sin generalizar, sabemos que no podemos andar diciendo cualquier cantidad de disparates. A las mujeres, las paredes nos escuchan con especial atención e interés. Más nos vale aprender a decir bien y claro nuestro pensar, sentir y desear. Y a veces, ni así. No en balde eso de NO es NO.

De la justicia, podemos advertir que desde hace varios siglos venimos corrigiéndole la plana a los absurdos. Desde el Código de Hammurabi hasta la señora Piedra y la protección a deudores. De tiempos ancestrales, algunos piensan que no tenemos derechos, que nuestra misión en el planeta era, en el mejor de los casos, sólo alegrar la vida de los hombres.

Nuestra experiencia con leyes que sí se acercan a la justicia es vastísima.

Por estas razones, lo más conveniente es promover a una mujer autónoma para que gobierne este país en el 2024.

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