De Josefa a Josefina

Una cierta manera de escribir la historia nos llevó a pensar que las revoluciones eran cosas de hombres.

La diferencia entre Josefa y Josefina son solo dos letras: Aunque el significado de los dos nombres es el mismo: “Renueve Dios, la familia”. Nombres de mujeres, que si los inscribimos en la política, el primero nos remite a nuestra historia, Josefa Ortiz, La Corregidora; el segundo, a nuestro presente, Josefina Vázquez, quien preside la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados. Y la distancia entre una y otra es, aproximadamente, de 200 años. Una cierta manera de escribir la historia nos llevó a pensar que las revoluciones eran cosas de hombres, y la inscripción de Josefa en la gesta de la Independencia, mujer y madre de 12 hijos, aún nos inquieta. Dicen que ella convenció a su marido de las ideas de cambio. Educada para el matrimonio, aceptó su rol de madre amorosa y de ¿sumisa esposa? No solo cumplió con esto, además, se interesó por el “mejoramiento de la sociedad”. Y no fue la única, según testimonio de las historiadoras.

Entre 1810 y 2011, las mujeres hemos batallado mucho en pos de nuestros derechos. En cuanto a la educación, Josefa fue excepción. La mayoría de las niñas de su tiempo aprendían puros rezos y bordados. Josefa tuvo que ir a una escuela para niñas, Las Vizcaínas, fundada desde 1732 por la Cofradía de Nuestra Señora de Aranzazú, para “proteger a niñas huérfanas y a viudas”. Por eso, sabía leer y escribir. Una rareza para entonces. Hoy, afortunadamente, son pocas las que no tienen una escuela al alcance de su pueblo y solo hay 5% de niñas sin acceso a la educación (INEGI, 2010).

En 1975, la autonomía de las mujeres despuntaba. Las mujeres tienen alguna educación sexual y anticonceptivos en puerta. Cada vez es más extraño encontrar mujeres con 12 hijos, como Josefa. La Primera Conferencia Internacional de la Mujer, celebrada en México, estableció, como uno de sus objetivos: “La integración y plena participación de la mujer en el desarrollo”.

Desde entonces, para muchas —entre ellas, Josefina—, la vida es, quizá, más exigente. Deben seguir haciendo las múltiples tareas que les impone el rol de esposas y madres, además de cumplir con el de profesionistas.

Hace ya algunos años, preguntaron a quién fue nuestra primera gobernadora, Griselda Álvarez, si creía que una mujer pudiera ser presidenta de México, y respondió: la primera ya nació. Tiempo después, preguntaron a Rosario Robles, si esa niña dibujada por las palabras de Griselda, encontraría marido. Y la respuesta, coherente, fue: “La transformación de las mujeres implica la de los hombres”. Aunque hay algunos que se resisten, al igual que hay mujeres que prefieren no asomar las narices al mundo.

Las diferencias entre aquella Josefa y esta Josefina son muchas más que solo dos letras. También, podemos arriesgar que, ni en sus mejores momentos, Josefa se hubiera atrevido a soñar que podría gobernar el país que contribuyó a formar. Josefina, en cambio, se apresta a una lid dentro de su partido, en el que, de lograr ser su candidata, estará ejerciendo el derecho constitucional de ser votada para presidenta. La cuarta en atreverse, en 200 años; la única desde un partido con el número de afiliados y la estructura para contender con probabilidades de triunfo. Enhorabuena por Josefina. Felicidades a las mexicanas que, sin balas ni muertos, hemos revolucionado las costumbres.

        *Licenciada en pedagogía

        y especialista en estudios de género

           

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