Obra teatral de 1879, cuyo éxito fue arrasador. Se ha presentado en México innumerables veces. Quizá, requiere una actualización. Época lejana a mujeres poderosas y sin acceso a derechos humanos para ellas. El divorcio, un escándalo mayúsculo. Ponerla a tono con la modernidad es una arriesgada y resumida tentación.
Personajes: Nora, esposa de Juan; directora del Banco; Juan, esposo de Nora y empleado. La acción transcurre en su casa.
• Primer acto:
Sala acogedora. Su paleta prioriza la calidez, la serenidad y la conexión con la naturaleza. Todo en tonos tierra, verdes profundos y neutros suaves. Libreros con colecciones encuadernadas en suave piel, a tono con la sala. Tiffany, en la mesita central.
Juan, muy cariñoso: Nora querida, dejé todo el embrollo libre de cualquier sospecha. Hay facturas, cuadernos contables en orden y un ministerio público muy servicial. Del estropicio por la caída y la falta en el mantenimiento de la red electrónica, no hay huella alguna que te implique.
Nora, sonriente y coqueta: Mañana, si no hay contratiempo, seré la directora del Banco y te lo deberé.
Juan, mirándola a los ojos: Ni lo digas. Tu preparación, tu carácter, tu ambición te han llevado a ese lugar. Aunque te recuerdo que hay que ser más empática con el personal.
Nora, jovial y feliz: ¡Claro! Vamos al Four Seasons a celebrar. El mejor bar para la mejor pareja.
Juan, reflexivo: Digamos que valoramos la urgencia de ser líderes en este mundo del poder. Te pido recato, no quiero tener que arrastrarte a la salida.
Nora, divertida: pero tu también cumple la regla. No puedo ni conmigo, menos contigo.
Juan, burlón: Si no fuera por mis contactos y mis mañas, no te hubieras salvado de una auditoría que seguro, hubiera arruinado tu carrera. Las facturas falsas, la contabilidad contrahecha y los sobornos que repartimos, ocultaron el desfalco y la falta de mantenimiento. Por todo eso, estarás en la dirección del banco.
Nora, amorosa: Ni lo recuerdes, te compensaré por tanto afán.
• Segundo acto:
A la mañana siguiente, en la misma sala. Nora con elegante y vaporoso vestido. Juan, ropa de marca y muy pulcro.
Juan, preocupado: Me llegó un mensaje. Los accionistas están pidiendo una nueva auditoría. Me inquieta saber por qué. Me están señalando como responsable.
Nora, animosa: No te preocupes. Haremos frente a esto. Mi prestigio te protegerá. Tú y yo estamos juntos, tenemos los mismos principios: no mentir, no robar, no traicionar. Todos en el banco lo saben. Somos lo mismo.
Juan, dudoso: ¿Eso ayudará? Creo que hasta los del Consejo tienen sospechas.
Nora, firme: Ya con el nombramiento en la mano, cambiaré el reglamento. Si eso no basta, violaremos las reglas que estorben. Todos en el Consejo son corresponsables. Eres un caballero de voz hermosa, que los ha seducido al darles algo más que pocos pesos. Aunque… a veces, dudo de ti. No de tu amor, sino… ¿cuál es el camino correcto?
Juan, airado: ¿Qué insinúas? ¿Qué te traicionaré? Le canta al oído: “¡Cuidado! Mucho cuidado, que estás tomando un rumbo equivocado”. Si sigues por esa senda, verás trastocado tu destino. Acabaremos en la cárcel. Te verás preciosa con traje de presidiaria.
Nora, pensativa y cabizbaja. Accionistas, acreedores, consejeros, empleados, todos sospechan. Para colmo, la Comisión de Bancos y Valores tiene programada una revisión de registros contables contra lavado de dinero y defraudación fiscal. ¿Eso también lo escondiste?
Se escucha un fuerte bee, bee en la calle. Corren a asomarse por la ventana. Juan dice, son los acarreados.
En la angustia, nadie se acuerda de ser dulce y amable. Sabían que tenían miedo, pero no que fuera tanto. Ella se quedó en puntos suspensivos. Él, sonríe socarronamente. ¿Por qué la acusan? ¿Se esfumó la confianza? ¿Su marido la traicionará? Lo sabe capaz de todo con tal de salvarse. ¿Qué sucederá?
